Luego de completar los más de 300 kilómetros que separan General Mosconi de la Ciudad Judicial de Salta, Mariana Aranda comenzó una nueva etapa en su búsqueda de justicia por la muerte de su hija Valentina Cabana y de su nieta Evangeline, fallecidas tras un presunto caso de mala praxis ocurrido en Tartagal.
Aunque reconoció la buena predisposición que encontró en las primeras reuniones con funcionarios y autoridades judiciales, aclaró que todavía mantiene la cautela.
"Siento que hay predisposición, pero voy a sentir que hay acompañamiento cuando la documentación así lo manifieste. Cuando la causa se traslade. Voy a decir que realmente hubo compromiso cuando tenga el documento que confirme que la causa está acá y se empiece a investigar con profundidad”, afirmó.
La mujer recordó que decidió caminar hasta Salta porque perdió la confianza en que la investigación pudiera avanzar en el norte provincial. Pero esa travesía no fue nada fácil, ya que además del cansancio físico que representó para ella también sintió que su integridad estuvo en peligro por una serie de episodios que le tocó vivir.

Botellas abiertas, llamadas extrañas y vehículos que la seguían
Uno de los momentos más delicados del relato estuvo relacionado con distintas situaciones que, según denunció, vivió durante la travesía y que interpretó como intentos de intimidación.
Aranda aseguró que comenzó a percibir esos episodios luego de hacer pública su denuncia y de avanzar por la Ruta Nacional 34.
"Me llamaban personas preguntando si era abogada, otras diciendo que eran mecánicos. Eran conversaciones sin sentido que me hacían sentir observada", relató.
También recordó un episodio que todavía le genera inquietud. "Una camioneta se acercó y me ofrecieron agua en una botella que ya estaba abierta. Me insistían para que tomara. El gendarme que me acompañaba me dijo que no lo hiciera. Cerré la botella y después la tiré", contó.
Según explicó, en otra oportunidad un vehículo se aproximó peligrosamente mientras caminaba por la banquina.

"Hubo un auto que prácticamente se abalanzó hacia nosotros. Después de eso, Gendarmería cambió la forma de custodiarme y comenzó a caminar uno adelante y otro detrás de mí", señaló.
Pese a esas situaciones, aseguró que nunca pensó en abandonar la caminata, especialmente porque se sentía segura por el trabajo realizado por los efectivos de Gendarmería Nacional, quienes la acompañaron durante buena parte del recorrido.
"Ellos me dieron seguridad. Gracias a ese acompañamiento pude seguir caminando con tranquilidad", afirmó.
La red familiar y de allegados que la ayudan
Mientras ella permanecía caminando rumbo a la Capital, su hija menor quedó al cuidado de familiares en General Mosconi.
Aranda contó que mantiene contacto permanente con la menor y que decidió dejarla en su casa para no alterar su rutina escolar.
Además, recordó que meses atrás la menor fue víctima de un episodio de presunto grooming, situación que denunció formalmente y que incrementó aún más su preocupación por la seguridad de su familia.

"La contactaban mediante su celular y a pesar que cambiábamos el número, igual encontraban la forma de seguir mandándole mensaje. Esto ocurrió en estos ocho meses que luché para que la causa de mi hija y mi nieta se mueva, muchos me dijeron que podría haber sido una maniobra para que yo desvíe mi atención y deje de pelear por Valentina y Evangeline. Por eso pedí protección para mí y para mi familia", sostuvo.
Finalmente, agradeció el acompañamiento recibido tanto de vecinos como de personas que siguieron su caminata a través de las redes sociales.
"Hay mucha gente que no me conoce y, sin embargo, comparte cada publicación y acompaña esta lucha. Ese apoyo me dio fuerzas para llegar hasta acá", concluyó.