Hilando destinos

Teófila Urbano: la tejedora que hilvana tradición y resiliencia en Salta

Con años de experiencia, esta artesana comparte la trama de su historia a través de sus tejidos y transmite el valor del trabajo a las nuevas generaciones.

Por Paola Soldano

Teófila Urbano tejedora — (Foto: Javier Corbalán)

Teófila Urbano es una tejedora saltojujeña que expone y vende sus productos en el Mercado Artesanal de la ciudad de Salta, donde se la puede encontrar cada día, hilando con la puisca, una herramienta ancestral similar a un trompo, que se usa para hilar fibras naturales como la lana de oveja o de llama, o tejiendo a dos agujas sus creaciones, entre ellas camperas, gorros y pulóveres.

Su vida es un testimonio de resiliencia, creatividad y amor por la tradición, un hilo que conecta el pasado con el presente y que se proyecta en un futuro lleno de esperanza.

Al hablar con Gente de Salta, Teo aseguró orgullosa que su experiencia de vida le permite hoy enseñarle a sus hijos y nietos “la fuerza del trabajo”.

“Como mujer me siento satisfecha de todo lo que hice y logré durante mi vida, de todo lo que aprendí y pude enseñarle a mis nietos y a mis hijos, especialmente la fuerza del trabajo”, expresó, y agregó que “si uno trabaja y se esfuerza puede salir adelante. No importa la situación ni la circunstancia”.

Durante la charla, reveló que teje desde que tiene “uso de razón”.

Teófila Urbano tejedora

Su infancia transcurrió entre los telares de su padre, en Susques, en la provincia de Jujuy, donde nació y fue testigo de lo que implica la transformación de la lana de oveja o llama, convertida en mantas y frazadas que luego se intercambiaban en Chile por fruta y otros productos, en momentos en que el trueque era una alternativa de subsistencia.

Su padre y sus primeros pasos en el arte textil

Recuerda con nitidez las tardes dedicadas a buscar piedras pequeñas: “Mi papá tejía en telares a dos pies, frazadas, mantas, y nos mandaba a buscar piedritas para hacer los ovillitos para las cañuelas”,  que ayudaban en la práctica del tejido.

Así fueron sus primeros pasos en contacto con el arte textil, que después guió gran parte de su vida, que no fue fácil, ya que quedó huérfana de madre a los ocho meses y encontró refugio en el cariño de su padre, sus tías y su abuela, quienes la criaron con esmero. 

Más tarde, se mudó a San Antonio de los Cobres, en la Puna de Salta, con su abuela y su tío.

Allí concurría al Hogar Escuela, mientras que en las vacaciones volvía a Susques, donde su padre había formado otra familia. 

Teófila Urbano tejedora

Fue allí donde conoció la experiencia del pastoreo, una conexión profunda con la naturaleza. 

“Entre los 8 y los 9 años, conocí lo que era ir al campo a pastar las ovejas. Fue lindo aprenderlo”, comentó la tejedora, quien agregó que esa experiencia marcó un punto de inflexión en su vida.

Fue su “madrastra” la que un día le encomendó esa tarea y además le entregó “un manojo de lana” que debía hilar mientras estaba en los cerros, cuidando los animales.

“La primera vez que salí al cerro me dormí porque me aburría. Me cansaba mirando por donde iban las ovejas, los corderos y los chivos, que comían, jugaban, caminaban, así que me senté bajo una tola grande que daba sombra. Cuando me desperté ya estaba oscureciendo. El susto fue cuando miré alrededor y no había ni una oveja, un chivo, nada”, relató.

En aquel momento, con desesperación y angustia, empezó a “llorar y a gritar, pero en los cerros no te escucha nadie, no hay nada”, indicó, tras lo que añadió que esa fue la primera vez que invocó a su madre y le pidió ayuda.

Al limpiarse las lágrimas de los ojos, pudo divisar en la distancia a las ovejas y los chivos, lo que le permitió volver a la casa, aunque sin “hilar ni una vuelta de hilo”.

Teófila Urbano tejedora

Trueque, Tradición y Tejido

Narró que en el campo, el hilado y el tejido eran esenciales para la supervivencia

"En el campo se vive del hilado a la puisca y del tejido", dice Teo, quien justamente recuerda que pasaba las noches hilando porque su padre viajaba a Chile para intercambiar productos. 

Sobre esto sostuvo: “antes se usaba mucho el trueque”, y detalló que su papá viajaba con un arriero y llevaba “un cargamento de 10 o 15 burros con queso seco, charqui y tejidos, que intercambiaba por fruta”, la que luego guardaban “en ollas grandes de barro” en las que se conservaban alimentos, que duraban todo el año. 

Teófila Urbano tejedora

El trueque era la base de la economía familiar, y el tejido, una moneda de cambio valiosa.

“Cuando mi papá tenía que hacer esos viajes, o venía para acá, a  Salta, a traer tejidos y quesos, nos teníamos que amanecer hilando. Había que tejer para hacer el intercambio de esas prendas", explicó.

Así, el hilado y el tejido se convirtieron en la conexión profunda con sus raíces y su cultura.

"Toda mi vida estuve ligada al hilado y al tejido", abundó Teo, que tiene 65 años, cuatro hijos y ocho nietos.

A pesar de las dificultades, aseguró que se siente afortunada y agradecida por la forma en que se crio y por la suerte que tuvo en su vida.

En este sentido, se consideró “una privilegiada” de todo lo que le tocó vivir, ya que estuvo siempre rodeada del afecto y el apoyo de sus tíos, especialmente de Eloy Urbano, a quien estima como a un padre: “Fue excelente y nunca hizo diferencias entre sus hijas y yo”

“Fui la última de cinco hermanos", destacó, a la vez que reflexionó que nunca sufrió maltrato físico: "Mi papá jamás me levantó la mano. Mis tíos tampoco, o no me habré portado tan mal".

Teófila Urbano tejedora

Renacer entre Hilos

Aunque siempre tejió, hubo un tiempo en que Teo se alejó de los telares porque en San Antonio de los Cobres, la artesanía no era una actividad económica prioritaria y su tío proveía lo suficiente para mantener a la familia. 

Sin embargo, después de casarse, Teo retomó su actividad emblemática, inspirada por su suegra.

“Debo haber tenido 20 o 21 años cuando volví a tejer, y vendía en el Tren a las Nubes”, afirmó, tras lo que comentó que también se dedicó a otras actividades, como la venta de ropa y verduras.

Hace casi veinte años, Teo se mudó a Salta con su esposo y sus hijos, y descubrió el Mercado Artesanal, lo que la motivó a volver a sus raíces y a la actividad que para ella siempre constituyó un modo de vida.

"En el mercado artesanal todo es regional y solo se vende auténtica artesanía salteña", sostuvo.

En los últimos años, profundizó sus conocimientos sobre técnicas ancestrales, como la elaboración de tulmas y el teñido natural de la lana. 

Fue un curso de acompañamiento de Pro Mujer lo que la ayudó a reafirmar su identidad como artesana y a definir sus objetivos: "Me afianzó, me hizo encontrarme y encontrar mi objetivo y mi trabajo".

Teófila Urbano tejedora

Hoy, Teo se dedica por completo al tejido, que es su principal fuente de ingresos, aunque reconoce que en verano la demanda disminuye, por lo que decidió buscar alternativas para diversificar su producción, mediante la creación de tulmas y la confección de pulseras, billeteras y porta celulares, entre otros productos. 

El Mercado Artesanal, que funciona como “una feria bajo techo”, se convirtió en su lugar de trabajo y en su comunidad: “Hoy mi vida es el tejido. Los artesanos nos turnamos para atender y aquí es donde produzco”.

Destacó que por cada producto vendido, aportan “un 20%” para pagar el alquiler y otros costos, y agregó que allí son "como una familia"

Es en el mercado donde comparte experiencias con otros artesanos, aprende nuevas técnicas y fortalece su identidad cultural. 

Teófila Urbano tejedora

La situación económica actual “es complicadísima”, consideró, tras lo que acotó que “uno tiene que buscar el día a día”, y destacó: "Hemos tenido que bajar los costos, abaratar nuestra mano de obra porque el insumo es caro. Nuestro trabajo ya no vale lo que valía antes".  

El Mercado Artesanal de Salta

Aún así, Teo valora las oportunidades que le brinda el Mercado Artesanal y contó que también participa en ferias y eventos para exponer y vender sus confecciones artesanales. Reconoció que cada tejido es una expresión individual única del artesano: “La técnica del tejido es siempre distinta, por más que nos copiemos el diseño o el modelo, nunca va a salir igual, porque la diferencia está en la mano”.

Por otro lado, reveló que, comprometida con el desarrollo de su comunidad, a través del BSPA (Bachillerato Salteño para Adultos) en San Antonio de los Cobres, participó en el proyecto destinado a promover el desarrollo del turismo y la cultura local a través de la creación de lo que después se transformó en la Fiesta Nacional de la Pachamama, y la celebración del desentierro del Carnaval Andino, eventos que se han convertido en un atractivo turístico importante. 

Teófila Urbano tejedora

“El desentierro del carnaval andino y la Fiesta Nacional de la Pachamama nos costó mucho, lágrimas de sangre, y se siguen haciendo”, dijo, y concluyó: "Estos eventos para difundir la cultura y la tradición constituyen una gran satisfacción, y con eso nuestra tarea está cumplida".