SociedadDura travesía

Un padre salteño caminó desde San Antonio de los Cobres para agradecer el "Milagro" para su hija

Walter Chaparro llegó a los pies del Señor y la Virgen del Milagro este lunes, en agradecimiento por salvar a su niña, que estuvo unos minutos sin pulsos vitales tras convulsionar. Un viaje de ocho días, impulsado por la fe, la amistad y la solidaridad.

Fabio Ramayo
por Fabio Ramayo 8 Diciembre de 2025
8 Diciembre de 2025
Walter Chaparro junto a su hija
Walter Chaparro junto a su hija - Foto Fabio Ramayo

El último viernes de noviembre pudo haber sido fatal para la familia de Walter Chaparro, ya que su hija más pequeña, de 2 años, estuvo al filo de la muerte por un instante.

Lo que parecía ser una visita rutinaria de peso y talla en el centro de salud cercano al estadio Delmi, se convirtió en un calvario en cuestión de segundos.

La pequeña comenzó a convulsionar y tuvo que ser trasladada al hospital Materno Infantil, dónde la fe de Walter lo acercó a la capilla, donde le pidió al Señor y la Virgen del Milagro que salven a su hija.

Ese viernes 28 de noviembre, los médicos le dijeron a Chaparro que su hija estuvo sin signos vitales por unos minutos, pero luego volvió a la vida, y para Walter eso fue la mano de los santos patronos respondiendo a su plegaria.

Con el pasar de los días, la salud de su hija fue repuntando y el lunes, 1 de diciembre, la dieron de alta. 

Ese mismo día, Walter tomó la decisión de cumplir su promesa: venir caminando desde San Antonio de los Cobres hasta la Catedral en agradecimiento.

El inicio de la travesía

Walter, o Wally, como lo conocen sus amigos, tiene 55 años, es policía retirado y además insulinodependiente por la diabetes, pero eso no fue un obstáculo para su determinación. 

“Ese lunes me levanté decidido. Almorcé con mi familia, recontento porque mi nena estaba lúcida, compré lo básico para el viaje y a las 16 ya estaba viajando a San Antonio de los Cobres”, relató en diálogo con Gente de Salta, ingresando a la avenida Chile.

Chaparro fue recibido por unos familiares en la localidad, que le dieron un lugar para que descanse y arranque su travesía, de más de 160 kilómetros a pie. 

“Salí a las 8 de la mañana de San Antonio de los Cobres, pero estaba un poco debilitado, creo que me había agarrado la puna porque andaba con problemas estomacales. Pero bueno, igual seguí y, en un momento, una señora llamada Natalia me tomó la foto que se hizo viral”, explicó Wally.

Chaparro en los inicios de su travesía
Chaparro en los inicios de su travesía

El peregrino “solitario”

A medida que Walter avanzaba en su viaje, la gente que se lo cruzaba en la ruta le sacaba fotos e iba actualizando la locación de Wally, a quien en redes lo llamaron el peregrino solitario.

Sin embargo, Chaparro dejó en claro que en el camino nunca estuvo solo, ya que sintió la solidaridad de las personas en todos los lugares por los que pasó y, además, porque su grupo de amigos salió a acompañarlo y lo bancó hasta el final.

“Yo me había largado solo, sin decirle a nadie. Y en un momento en la Puna iba mal, y no quería decir nada, porque seguro no me iban a dejar seguir. Pero justo en ese momento aparecieron mis amigos para salvarme”, recordó Wally.

Chaparro por el viaducto del Río Toro
Chaparro por el viaducto del Río Toro

Miguel Ángel Camisay y su hijo Bruno, Daniel Cayo, Héctor Juárez y Montiel, policías retirados al igual que Chaparro, vieron en redes sociales que su amigo había emprendido tremenda travesía y coordinaron para ir a asistirlo.

“Me iluminaron el día cuando los vi. Ellos tenían agua caliente, así que me hice un té fuerte que me ayudó a mejorarme del malestar que sentía, y desde ahí ellos se encargaron de la logística. Me llevaban la mayoría de mis cosas y yo iba con mi carrito por la ruta”, relató con emoción.

Chaparro a pocos metros de la Catedral
Chaparro a pocos metros de la Catedral

La dureza del camino

Durante los 7 días que pasó caminando, Walter no solo superó el malestar inicial que sintió en la Puna, sino también una jornada completa de caminar con el viento en contra, una lluvia torrencial pasando Santa Rosa de Tastil y el dolor corporal que se va sintiendo a medida que se avanza. 

“Yo peso 135 kilos y en este último tramo las plantas de los pies no me daban para más. Mi idea era llegar el domingo, pero necesitaba descansar”, indicó Chaparro.

En el último tramo, Wally descansó en El Mollar y el domingo en San Luis, y en el trecho que hizo desde Campo Quijano se le sumó también Yanina Cejas, una mujer que ya hace más de diez años que se encarga de la seguridad de los peregrinos que vienen de San Antonio de los Cobres, y que al ver la historia de Walter no dudó en sumarse.

“Ella es la que me lleva, la que me dice ‘¡dale, dale seguí! No te sentés’ y en la rotonda de Limache se sumó mi prima, que me lleva el carrito hasta la Catedral, donde me espera mi familia”, explicó.

Wally junto a Yanina Cejas, llevando el carrito con la foto de su hija y su ahijado
Wally junto a Yanina Cejas, llevando el carrito con la foto de su hija y su ahijado

Una fe inquebrantable

Chaparro se define como un hombre de fe y recuerda que hace 17 años hizo una promesa similar a la de hoy, por un hijo, y que también se vino caminando desde San Antonio de los Cobres. 

“Esa vuelta mi hijo se salvó y había prometido venirme dos años seguidos de allá. Lamentablemente, no pude hacerlo el segundo año, pero si me vine descalzo desde Cerrillos para no dejar de cumplirle al Señor y la Virgen del Milagro”, señaló.

Consultado por si había pensado en abandonar su travesía en algún momento, Wally dijo: “Yo salí con un propósito. Y así esto me haya tomado un mes, yo lo iba a hacer porque lo prometí. No iba a dejar por nada del mundo. Había prometido por mi hija y por mi ahijado, que estaba con neumonía y se recuperó. Cuando uno promete, de corazón lo tiene que hacer. Porque con la vida y la salud de las personas no se juega”.

Promesa cumplida

Pasadas las 11 de este lunes, Walter llegó a la plaza 9 de Julio y, en la esquina de las calles Zuviría y España, se fundió en un abrazo con su preciada hija. Un abrazo que sirvió de recompensa por tantos días caminando con la fe por delante.

Así, junto a su señora, su hija, otros familiares y sus amigos, Wally llegó a la Catedral, donde fue ovacionado por un grupo de personas que conocían de su hazaña.

Walter entrando a la Catedral. Promesa cumplida y agradecimiento total al Señor y la Virgen del Milagro.
Walter entrando a la Catedral. Promesa cumplida y agradecimiento total al Señor y la Virgen del Milagro.

La emoción se apoderó de Walter al entrar al templo, donde finalmente cumplió aquella promesa que hizo en un momento de desesperación.

 Y hoy, con su hija en brazos, se rindió ante la misericordia del Señor y la Virgen del Milagro.

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