EconomíaCon la promesa de crear unos 2.000 empleos

El primer Súper RIGI será nuclear: Un negocio de US$1.200 millones llega de la mano de un inversor que apostó por Elon Musk

Detrás del desembarco aparece Hamid Ansari, un magnate iraní-estadounidense con antecedentes en telecomunicaciones, carrera espacial privada y desarrollos de alto riesgo. La movida promete 2.000 puestos, energía constante y una discusión incómoda sobre el rol estatal.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 11 Julio de 2026
11 Julio de 2026
Vista aérea del complejo Atucha, donde una empresa estadounidense proyecta instalar un nuevo reactor modular con una inversión de US$1.200 millones.
Vista aérea del complejo Atucha, donde una empresa estadounidense proyecta instalar un nuevo reactor modular con una inversión de US$1.200 millones. web.

El Gobierno nacional anunció la construcción de un nuevo reactor nuclear en la Argentina, una obra de US$1.200 millones que buscará convertirse en el primer gran proyecto encuadrado bajo el llamado Súper RIGI, el régimen con el que la administración de Javier Milei intenta seducir a inversiones de alto impacto en sectores estratégicos.

La iniciativa fue presentada por Meitner Energy, una compañía encabezada por Teófilo Lacroze, exejecutivo de Shell y Raízen, y vinculada al Grupo Ansari, comandado por Hamid Ansari, un empresario de origen iraní radicado desde hace años en Estados Unidos.

Atucha l, la nuclear ya instalada en Zárate.
Atucha l, la nuclear ya instalada en Zárate.

El reactor se instalaría en el complejo Atucha, ubicado en Lima, partido bonaerense de Zárate, donde ya funcionan dos de las tres centrales nucleares argentinas. La propuesta contempla la construcción del ACR-300, un reactor modular pequeño con una potencia aproximada de 300 megavatios eléctricos, una capacidad pensada para aportar energía de base en un sistema cada vez más exigido.

Ansari no es un recién llegado al mundo de las apuestas tecnológicas: una de sus iniciativas permitió que Elon Musk consiguiera parte de los primeros millones de dólares con los que luego creó SpaceX, según informó el diario La Nación. Ese antecedente le agrega volumen al proyecto argentino, porque lo presenta como un inversor acostumbrado a mirar negocios de alto riesgo antes de que se vuelvan obvios.

El grupo que aparece detrás de la operación tiene un recorrido bastante más amplio que el negocio nuclear. Hamid Ansari fue cofundador de Prodea Systems, una firma de servicios vinculada al Internet de las Cosas, y también de Telecom Technologies, compañía que se fusionó en 2001 con Sonus Networks. Además, la familia Ansari patrocinó el Ansari XPRIZE, el premio de US$10 millones que empujó la carrera espacial privada y que terminó asociado al despegue de una nueva industria alrededor de compañías como Virgin Galactic, SpaceX y Blue Origin.

Elon Musk
Elon Musk

En paralelo, Ansari Group se presenta como una estructura de inversiones y asesoramiento con intereses en tecnología, minerales, alimentos, petróleo y gas, defensa, infraestructura, energías renovables, real estate, finanzas, medios y entretenimiento. En el caso argentino, sin embargo, Meitner Energy aparece como el vehículo específico para el ACR-300: una compañía constituida en Estados Unidos entre Black River Technology, filial de INVAP en ese país, y el Grupo Ansari, con el objetivo de diseñar y desarrollar el reactor modular.

La apuesta tiene doble lectura. Por un lado, le permite al oficialismo mostrar una inversión privada de escala en un área sensible, con financiamiento íntegramente externo y sin desembolso directo del Estado. Por otro, el anuncio llega apenas días después de que la sede central de la Comisión Nacional de Energía Atómica quedara atravesada por protestas y tensión, luego de que el Gobierno decidiera no renovar 61 contratos en el organismo.

Luis Caputo y Javier Milei.
Luis Caputo y Javier Milei.

El proyecto prevé alrededor de 2.000 puestos de trabajo directos durante las etapas de desarrollo, construcción, puesta en marcha y operación. El plazo estimado de obra es de unos cinco años, aunque antes deberá superar la aprobación del Ministerio de Economía y el proceso de licenciamiento ante la Autoridad Regulatoria Nuclear.

El esquema anunciado también incluye un acuerdo con Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal que opera las centrales nucleares del país. Meitner Energy pagaría un canon por el uso del terreno en Atucha, mientras que Nucleoeléctrica conservaría el derecho de asumir la operación y el mantenimiento de la central bajo condiciones de mercado.

La jugada encaja con el libreto oficial para el sector: menos obra pública tradicional, más participación privada y una apertura creciente de áreas que durante décadas estuvieron bajo control estatal. En ese punto, el proyecto no solo funciona como promesa energética, sino también como vidriera política para mostrar que el régimen de grandes inversiones puede atraer capital internacional hacia un rubro históricamente asociado al Estado.

En el plano técnico, el ACR-300 aparece como una de las grandes apuestas del plan nuclear argentino. El modelo es presentado como una alternativa de menor escala frente a las centrales tradicionales, con capacidad para ofrecer energía de base y abastecer consumos industriales intensivos, desde polos fabriles hasta desarrollos tecnológicos que demandan electricidad constante.

Pero el anuncio también deja una pregunta política servida: si el primer Súper RIGI finalmente será nuclear, el Gobierno no solo inaugura una etapa de inversión privada en energía, sino que además pone a prueba hasta dónde está dispuesto a correr la frontera entre desarrollo estratégico, negocios internacionales y soberanía tecnológica.

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