El peso de las deudas se siente cada vez más en los hogares argentinos. A medida que los gastos cotidianos escalan sin tregua, un informe reciente del Banco Central revela que la morosidad en las familias ha alcanzado un nuevo y preocupante récord en septiembre.
La imagen de mesas familiares donde la calculadora reemplaza a la charla amena se vuelve, lamentablemente, más frecuente.
Este incremento marca el undécimo mes consecutivo de aumento en el ratio de irregularidad de los créditos, una tendencia que dibuja un panorama financiero cada vez más tenso para muchas familias.
El "Informe sobre Bancos" del Banco Central (BCRA) pinta un cuadro sombrío: la morosidad en los hogares se elevó del 6,6% al 7,3%, alcanzando el punto más alto desde que la autoridad monetaria comenzara a llevar estos registros en enero de 2010. Un número que representa historias de presupuestos ajustados al límite, sacrificios y, en muchos casos, la imposibilidad de cumplir con las obligaciones financieras.
Sin embargo, no todo es desaliento. Las expectativas para el período noviembre-enero sugieren un posible giro hacia el optimismo, una luz tenue al final de un túnel que parece extenderse sin fin.
Como ha sido la tónica en los meses anteriores, el incremento de la morosidad se concentra principalmente en dos áreas críticas: los préstamos personales, donde el porcentaje saltó del 8,2% al 9,1%, y las tarjetas de crédito, que experimentaron un aumento del 6,7% al 7,4%. Estos números reflejan la dependencia de muchos hogares de estas herramientas financieras para cubrir gastos esenciales y afrontar imprevistos.
En el caso de los préstamos prendarios, se observó un leve repunte en la morosidad, mientras que los créditos hipotecarios se mantuvieron relativamente estables en un 0,9%. Este último dato podría interpretarse como una señal de que, a pesar de las dificultades económicas, las familias priorizan el pago de sus viviendas, un bien fundamental para la estabilidad y el futuro.

El panorama para las empresas no es del todo ajeno a esta tendencia, aunque el aumento en la morosidad es significativamente menor, pasando del 1,4% al 1,7%. Dentro de este segmento, destaca el incremento en los créditos con garantía prendaria.
Al considerar tanto a familias como a empresas, la irregularidad en los pagos avanzó del 3,7% al 4,2%. Para encontrar un valor más elevado en este indicador, es necesario remontarse a los primeros meses de 2022, un período marcado por la incertidumbre económica y la volatilidad financiera.

