La economía argentina evitó la recesión en el tercer trimestre de 2025, dato que había adelantado el INDEC, y consolidó un crecimiento que deja al Gobierno muy cerca del sendero acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el cierre del año.
Según el ente nacional de estadística, el Producto Bruto Interno (PBI) creció 3,3% interanual y apenas 0,3% frente al segundo trimestre, pero suficiente para esquivar dos caídas consecutivas de la actividad e ir “conforme al plan”.
Con este resultado, el PBI acumuló una suba del 5,2% entre enero y septiembre, un desempeño que sostiene el balance macroeconómico en un contexto de fuerte ajuste fiscal, desaceleración del consumo y tensiones financieras.
El crecimiento trimestral fue clave para despejar los temores de una recesión. En términos técnicos, la economía no acumuló dos trimestres consecutivos de caída, el criterio habitual para definir una recesión. El dato confirmó las señales que ya había anticipado el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y marcó un punto de inflexión tras la contracción observada en el segundo trimestre.
Si bien la mejora fue moderada, alcanzó para sostener el nivel de actividad en un escenario atravesado por el ordenamiento fiscal y un menor dinamismo de la demanda interna.
Sectores ganadores, perdedores y “mimados” del crecimiento
Más allá del dato agregado, el crecimiento del tercer trimestre mostró fuertes diferencias entre sectores, con un patrón claro de rubros que sacaron ventaja y otros rezagados.
Entre los sectores mejor posicionados, con subas interanuales de dos dígitos, se destacó ampliamente la intermediación financiera, que creció 28,4%, seguida por la explotación de minas y canteras (+10,3%). Estos rubros concentraron los mayores incrementos de la actividad y explicaron buena parte del avance del PBI en el período.
En el grupo de ganadores, aunque con aumentos moderados, se ubicaron hoteles y restaurantes (+7,1%), actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (+3,7%) y transporte y comunicaciones (+1,8%), que mostraron una recuperación moderada y acompañaron el crecimiento general sin liderarlo.
Por debajo de ese umbral, varios sectores quedaron prácticamente estancados, con variaciones leves que no alcanzaron a consolidar una recuperación significativa. En ese grupo se encontraron el comercio mayorista y minorista (+0,6%), la construcción (+1,0%), la enseñanza (+1,4%) y los servicios sociales y de salud (+0,1%).
En el extremo negativo se ubicaron los sectores más golpeados, con caídas interanuales superiores al 2%. La industria manufacturera registró un retroceso del 2,4%, mientras que la pesca sufrió una fuerte contracción del 20,2% y el sector de electricidad, gas y agua cayó 0,8%, reflejando las mayores dificultades del entramado productivo en la actual etapa económica.
Este comportamiento heterogéneo muestra que, si bien la economía logró evitar la recesión, la recuperación no fue uniforme y dejó sectores con desempeños muy dispares dentro del mismo período, y el dato que preocupa a más de una consultora, es que la diferencia de fuerza laboral que demandan los sectores que impulsan el crecimiento de la actividad, que queda muy por debajo con respecto a los sectores que se posicionan estancado o golpeados en lo que va del año y de la era Milei.
La señal que mira el FMI
El dato de actividad se conoció en paralelo a un escenario de superávit fiscal, con un resultado primario acumulado equivalente al 1,7% del PBI en los primeros once meses del año, por encima de la meta anual del 1,6% pactada con el FMI. En ese marco, el crecimiento económico aparece como una pieza central para consolidar el cumplimiento del programa económico.
Desde el Ministerio de Economía remarcaron que el orden fiscal permitió estabilizar el frente macroeconómico sin un derrumbe de la actividad, una combinación que el Gobierno busca exhibir como señal de consistencia ante el organismo multilateral.
Pese a haber evitado la recesión y sostener un crecimiento acumulado elevado, el cierre de 2025 todavía presenta interrogantes. La caída de la inversión en términos trimestrales y la desaceleración del ritmo de expansión hacia el final del año introducen cautela sobre la solidez del último tramo.
“El ancla fiscal es un compromiso que se mantendrá en el tiempo”, señaló el ministro de Economía, Luis Caputo, al destacar la coherencia entre el frente fiscal y la evolución de la actividad.
Con el PBI del tercer trimestre ya confirmado, la economía llega a la recta final del año sin recesión y con el crecimiento necesario para quedar a un paso de cumplir la meta acordada con el FMI, en un escenario donde el desempeño del último trimestre será determinante para cerrar el balance económico de 2025.