EconomíaAdvertencia de un contador y docente de la UNSa

Un cambio silencioso en las billeteras virtuales complican al ahorrista: el error de cálculo detrás de una medida del Banco Central

El Banco Central liberó más dinero al sistema con la expectativa de abaratar el financiamiento, pero el efecto, en principio, no fue el esperado: las cuentas remuneradas pagan menos, mientras el costo del crédito sigue condicionado por la morosidad y el riesgo de incobrabilidad.

Juan Ancalle
por Juan Ancalle 25 Mayo de 2026
25 Mayo de 2026
Menos rendimiento para el usuario, crédito todavía caro.
Menos rendimiento para el usuario, crédito todavía caro. web.

Las billeteras virtuales empezaron a rendir menos y el cambio, aunque silencioso, modifica una costumbre que se volvió común para miles de usuarios: dejar parte del sueldo o de los ahorros de corto plazo en una cuenta remunerada, tener la plata disponible y, mientras tanto, obtener un pequeño rendimiento diario. 

Lo que hasta hace poco funcionaba como una forma simple de que el dinero no quedara inmóvil, ahora paga menos y abre una tensión más amplia: al usuario le reconocen menos por dejar sus pesos, pero todavía le cobran caro cuando necesita financiarse.

La explicación está detrás de una reciente decisión del Banco Central, que redujo del 50% al 45% los encajes bancarios —la porción de dinero que los bancos deben mantener inmovilizada como reserva— para liberar más pesos al sistema y facilitar el crédito. Sin embargo, según explicó a Gente de Salta Marcelo Hegab, contador y profesor adjunto de la Cátedra de Cálculo Financiero de la UNSa, el efecto, en principio, no fue el esperado.

Marcelo Hageb.
Marcelo Hegab. UNSa.

El primer impacto se observó sobre las tasas pasivas, es decir, las que bancos, fondos o billeteras pagan a quienes colocan dinero. En ese grupo entran los plazos fijos, los fondos comunes de inversión money market y también las cuentas remuneradas que ofrecen las billeteras virtuales. Según Hegab, los rendimientos que se ubicaban cerca del 25% o 26% anual pasaron a rondar el 18% o 19%, una caída que golpea principalmente a quienes usan estas plataformas para administrar saldos pequeños y conservar liquidez diaria.

El problema es que la otra parte de la ecuación no se movió con la misma velocidad. La tasa activa, que es la que pagan quienes toman crédito, financian consumos con tarjeta o recurren a préstamos personales, sigue en valores elevados. Allí aparece el error de cálculo señalado por el análisis: liberar más dinero para prestar no alcanza, por sí solo, para abaratar el crédito si las entidades financieras siguen observando un alto riesgo de incobrabilidad.

billeteras digitales
Billeteras digitales.

Hegab explicó que uno de los componentes de cualquier tasa de interés es el riesgo. A mayor riesgo de que el deudor no pague, mayor será la tasa que la entidad cobra para cubrirse. Por eso, aunque haya más liquidez en el sistema, la morosidad funciona como una barrera que impide que la baja llegue de manera directa a quienes necesitan financiarse.

Si la morosidad es alta, ya sabemos que el índice de riesgo es alto y que la tasa es alta”, sostuvo el docente, al advertir que la situación puede derivar en un círculo vicioso: la gente necesita endeudarse porque los ingresos no alcanzan, pero como aumenta el riesgo de incumplimiento, las tasas se mantienen altas y el crédito se vuelve cada vez más difícil de sostener.

La diferencia entre ambas tasas es clave para entender el cambio. La tasa pasiva es lo que el sistema le paga al usuario por dejar su dinero. La tasa activa, en cambio, es lo que ese mismo sistema le cobra cuando le presta plata. En la práctica, esto significa que una billetera puede pagar menos por los saldos depositados, pero cobrar mucho más cuando ofrece crédito para financiar una compra cotidiana.

Ese contraste también aparece en las tarjetas y en los préstamos personales. Hegab señaló que, si bien hubo una reducción de tasas activas en enero y febrero por decisiones previas del Banco Central, luego los valores se mantuvieron elevados. En el caso de las tarjetas de crédito, mencionó tasas nominales anuales cercanas al 86% o 87%, con tasas efectivas que pueden ubicarse en torno al 130% o 140%.

El riesgo para los usuarios no está únicamente en los grandes préstamos, sino también en los consumos chicos. Comprar en la verdulería, la carnicería o el supermercado con crédito rápido de una billetera puede parecer una solución momentánea, pero si esos pagos se acumulan o se refinancian en cuotas, el costo final puede crecer con fuerza.

Según Hegab, en algunas billeteras las tasas de crédito pueden ir del 40% al 140% nominal anual, mientras que el costo financiero total efectivo puede superar el 300% en los casos más extremos. También mencionó tarjetas con costos financieros totales cercanos al 141,98%, una cifra que muestra la distancia entre el rendimiento que recibe el usuario por dejar dinero y el costo que enfrenta cuando necesita financiarse.

Santiago Bausili, presidente del Banco Central
Santiago Bausili, presidente del Banco Central

Para el Gobierno, más crédito podría ayudar a reactivar el consumo y dar financiamiento a familias, comercios o pymes. Pero para los hogares que ya vienen ajustados, tomar crédito no siempre implica alivio: también puede ser una forma de patear gastos corrientes hacia adelante, con intereses que luego presionan sobre los ingresos del mes siguiente.

Hegab también marcó que las billeteras virtuales ya no son un instrumento usado solamente por jóvenes. Aunque ese sector puede tener una mayor familiaridad con las aplicaciones, el uso de cuentas remuneradas se extendió a distintos grupos, justamente porque permiten disponibilidad inmediata. Sin embargo, aclaró que muchas veces no se trata de una inversión en sentido estricto, sino de una forma de intentar que el dinero no pierda tanto frente a la inflación.

El punto es que, con rendimientos más bajos, esa protección también se debilita. Si una cuenta remunerada paga alrededor de 1,5% mensual, la inflación debería ubicarse por debajo de ese nivel para que el usuario obtenga una tasa real positiva. De lo contrario, aunque vea intereses acreditados en la aplicación, su dinero sigue perdiendo poder de compra.

En ese escenario, el contador de la UNSa remarcó que existen alternativas pensadas para protegerse frente a la inflación, como instrumentos ajustados por CER, pero aclaró que suelen exigir plazos más largos de inmovilización y no están pensados para ganar dinero, sino para preservar poder adquisitivo. Esa diferencia es clave para los usuarios que priorizan disponibilidad inmediata y no pueden dejar sus fondos bloqueados durante 90 días.

Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Así, la medida del BCRA dejó una paradoja: el sistema financiero empezó a pagar menos por los pesos depositados en billeteras y cuentas remuneradas, pero todavía no trasladó con la misma intensidad esa baja al costo del crédito. En el medio quedan los consumidores, que reciben menor rendimiento por su dinero y siguen enfrentando tasas elevadas cuando necesitan financiarse.

La advertencia, entonces, no pasa solo por mirar cuánto rinde una billetera, sino por observar cuánto cuesta usar crédito en ese mismo ecosistema. Porque el cambio silencioso no está únicamente en que las aplicaciones pagan menos, sino en que el alivio prometido para quienes se endeudan todavía no aparece con la misma fuerza.

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