El canciller y el ministro de Defensa renunciaron tras revelar que el contrato con Lockheed Martin ya había sido firmado en secreto. El pago de 2.000 millones de dólares se efectuó finalmente el miércoles, bajo presión del embajador estadounidense.
Lo que debía ser un trámite administrativo se convirtió en la primera gran crisis política del gobierno interino de José María Balcázar en Perú.
La decisión del presidente de frenar la compra de 24 aviones de combate F-16 Block 70 a Estados Unidos, una operación valorada en 3.500 millones de dólares y considerada una de las adquisiciones militares más relevantes de la región en la última década, provocó la renuncia inmediata del canciller Hugo de Zela y del ministro de Defensa Carlos Díaz.

El detonante fue la contradicción entre el discurso presidencial y los hechos. El lunes 20 de abril se firmó en secreto el contrato que cerraba la compra, pese a la renuencia de Balcázar, quien ese mismo día anunció públicamente su intención de aplazar la operación para que el próximo gobierno decidiera si ejecutaba la transacción. Al conocerse los contratos firmados, los dos ministros presentaron su renuncia y la hicieron pública.
El componente externo añadió una capa adicional de complejidad. El embajador de Estados Unidos, Bernie Navarro, reaccionó con dureza ante la posible marcha atrás del acuerdo, advirtiendo que utilizaría “todas las herramientas disponibles” para proteger los intereses estadounidenses si Perú negociaba de mala fe. Según medios locales, esas presiones incluyeron la amenaza de retirar visados a los responsables del proceso de compra. El diplomático se presentó personalmente en la sede de la Presidencia del Consejo de Ministros el miércoles por la mañana.
La controversia se agudizó el miércoles 22 de abril, fecha límite para que el Ministerio de Economía y Finanzas efectuara el primer desembolso de 2.000 millones de dólares correspondiente al contrato inicial. El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, anunció que el Ministerio de Economía estaba ejecutando el pago ese mismo día.
El origen del contrato se remonta a administraciones anteriores.
La flota que Perú busca reemplazar está compuesta por Mirage 2000 franceses adquiridos a comienzos de los años 80 y por MiG-29 rusos comprados a fines de los 90.
En el proceso de selección participaron también la sueca Saab con el Gripen y la francesa Dassault con el Rafale, aunque ambas empresas cuestionaron la falta de equidad en la evaluación de ofertas.
El canciller saliente De Zela sostuvo que la decisión presidencial ponía en peligro la credibilidad del país para futuros procesos de negociación. Perú enfrenta elecciones en julio próximo, lo que enmarca la crisis en un contexto de transición política que Balcázar invocó para justificar su postura inicial de no comprometer al gobierno siguiente.

