El balazo que mató a Santiago Pehuén Ferrufino ingresó por el pecho, atravesó la región pulmonar, perforó el corazón y no salió hasta la autopsia, cuando se descubrió su calibre: 22, una graduación que, si bien no es de fuerte impacto, es altamente letal, ya que -al no tener la fuerza para ingresar y salir- afecta de lleno órganos vitales.
El disparo que acabó con su vida en cuestión de minutos provino de una pistola o revolver que aún no fue recuperada por la Policía. No obstante, lo que sí se sabe es que no fue el único balazo, sino tres y fueron disparados por un hombre que sorprendió a la víctima el sábado pasado, a minutos de las 20.
Sucedió en la intersección de la avenida Solís Pizarro y la calle Dique Campo Alegre, en el barrio Santa Lucía. En el lugar, “Pipa” Ferrufino, como lo conocían en el barrio, estaba junto a sus amigos, cuando de pronto apareció en escena un integrante de la patota “Los Sancoco”, enemigos de años de “Los Duendes”, vaya a saber ya por qué asuntos.

En la audiencia de imputación, el fiscal Gabriel González, de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, sostuvo como hipótesis principal que el autor del disparo mortal fue Alejandro Quipildor, un joven de 33 años que reside en barrio Solís Pizarro.
Tras explicar las averiguaciones hechas por la Policía, tanto para desentrañar lo sucedido como para detener a Quipildor, el acusador público lo sindicó como el asesino de Ferrufino, nueve años menor que él. Por ello, pidió su imputación por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
Para explicar cómo llegó a esa conclusión señaló que, primero entrevistaron a varios testigos presenciales del hecho, sobre todo vecinos. También hablaron con familiares directos de la víctima e incluso obtuvieron la declaración de una persona con identidad reservada que vio el crimen.

“Con un fierro”
De las cámaras de video, en tanto, reveló que las del 911, no obtuvieron mucho, pues las más cercanas estaban apostadas a más de 600 metros. Reconoció que, del relevamiento, varias casas particulares y comercios poseían sistemas de cámaras, aunque todavía no pudieron chequearlas.
No obstante, pudo determinar que el acusado llegó a la escena del crimen en una motocicleta, color rojo. Se detuvo a la altura de la carnicería La Reina, sacó su arma y realizó, al menos, tres disparos, uno de los cuales impacto en el pecho de Santiago Ferrufino.
Con la bala destruyendo sus pulmones y su corazón, la víctima caminó unos metros agarrándose el pecho, para luego caer en la calle. Mientras sus amigos lo asistían, el fiscal sostuvo que el acusado emprendió la fuga por la avenida Solís Pizarro.
Según fuentes judiciales, un detalle de la fuga sorprendió a todos. Quipildor, al huir, se detuvo a la altura de una senda peatonal. Desde allí, miró a las personas que auxiliaban a Santiago, mostró su arma, como si presumiera de ella, luego hizo dos tiros más, al aire, y escapó en dirección al frigorífico Brunetti.

A la escena de la fuga, le siguió otra de desesperación protagonizada por los tres amigos de la víctima, uno de los cuales corrió hasta una remisera, pidió un vehículo, subieron al joven de 24 años y lo llevaron urgente al centro de salud del barrio, desde donde fue redirigido al hospital San Bernardo, pero ingresado sin signos vitales.
En el hospital, casualmente, la Policía entrevistó a varios familiares y amigos de Santiago. Uno de ellos señaló lo que todo el barrio ya sabía en cuenta a la mecánica del crimen. Reveló, de boca de otros testigos, que se habría producido una gresca, entre el grupo de la víctima y otros, en el que estaba el acusado. Agregó que el que huyó, lo hizo al grito de amenazas, entre las que retumbó la siguiente frase: “voy a volver con un fierro"”. A los minutos, así lo hizo y mató a Santiago.

“Cachulo”
En la tarea de identificar al asesino, los policías se valieron de las revelaciones dadas por los testigos y familiares. De esta fuente, se estableció que el agresor era un tal “Cachulo”, familiar de “Picota”, a quien identificarían por su vínculo con la barra “Los Duendes”.
Para mayor información, los investigadores echaron un vistazo a las redes sociales, en especial los comentarios, en busca de algún dato que pudiera darles mayor precisión de la ubicación del prófugo asesino. En tanto, fueron hasta la casa del mismo, en barrio Solís Pizarro.
De allí se llevaron algunas prendas y la motocicleta roja. Era un ciclomotor de 150 cilindradas, marca Motomel. Según pudieron establecer, el acusado había llegado a la casa, dejó la motocicleta y se marchó sin decir nada respecto a lo sucedido.
Con el correr de las horas, se sumaron datos, como otros posibles domicilios en los que el acusado podría estar oculto, en los barrios Nueva Esperanza y Atocha. En este último, casualmente, los policías pudieron detener a Quipildor a las 22.30 del mismo sábado, cuando caminaba por la manzana “K”.
Tras escuchar todas las pruebas y argumentos de la fiscalía, el acusado no quiso declarar, aunque no se descarta que lo haga más adelante. En tanto, la fiscalía ya adelantó al Juzgado de Garantías 3 su pedido de prisión preventiva, a fin de evitar una nueva fuga y que tampoco entorpezca el proceso penal.

