Roberto y Ezequiel Reyes.
La muerte de Fabiana de los Ángeles Morales Andrada

VIDEOS: Con autopsia en mano, el abogado Roberto Reyes dice: “Estamos en condiciones de afirmar que a mi esposa la mataron”

Pasajeros de una pesadilla: El martes 25 de noviembre, cerca de las 2.20, Ezequiel Reyes, el mayor de los hijos, recibió la peor noticia: su mamá había muerto en el Hospital Privado Tres Cerritos. "No buscamos venganza, sino justicia por Fabiana porque se lo merece", dijo el viudo. Juan Casabella Dávalos se constituyó como querellante en representación de la familia.

José  Alvarez
por José Alvarez 6 Diciembre de 2025
6 Diciembre de 2025

El abogado Roberto Reyes atraviesa el peor calvario de su vida. Su esposa, Fabiana de los Ángeles Morales Andrada, docente, rectora y voluntaria incansable, murió tras una cirugía programada en el Hospital Privado Tres Cerritos. La familia sostiene que se trató de una brutal mala praxis y la causa ya se investiga en la Unidad de Graves Atentados Contra las Personas, a cargo del fiscal Santiago López Soto.

A mi esposa la mataron”, dijo Reyes, quebrado, al narrar el minuto a minuto de lo que describe como una cadena de irregularidades, abandono médico y decisiones que, según la denuncia, terminaron con la vida de Fabiana. Junto a sus hijos, Franco y Ezequiel, abrió las puertas de su casa y estudio a Gente de Salta.

La mujer ingresó al quirófano el viernes 21, a las 7. La intervención estaba a cargo del cirujano José Emmanuel Gutiérrez, presentado y recomendado -según la familia- como un profesional de prestigio por una médica allegada al entorno familiar, la doctora Emilia Turuoldo, quien incluso les aseguró que estaría presente durante la operación: “Eso jamás ocurrió”, afirmó Roberto Reyes.

La intervención debía durar entre 40 minutos y una hora. Sin embargo, Fabiana salió recién cerca de las 13, sin fundamentos convincentes ni mucho menos sobre la demora, solo que habían surgido algunas “complicaciones”. 

"Mirá tuve complicaciones en la operación, por eso la demora. El problema de ella es que tenía mucha grasa abdominal y tuve que empezar a sacar esa grasa, además los órganos no estaban en su lugar y los tuve que organizar, puse cada cosa en su lugar. Pero ella está bien, quedate tranquilo, mañana la voy a ver si la veo bien le doy el alta”, dijo el cirujano José Emmanuel Gutiérrez.

Pese a esas “complicaciones”, por la tarde la mujer se mostró estable. El sábado 22 de noviembre, comenzaron los dolores. Y lo que siguió, según el testimonio del doctor Reyes, fue un verdadero Vía Crucis.

Recién el sábado por la tarde, entre las 14 y 14.30, el cirujano Gutiérrez apareció por la habitación. “Entró en ojotas, de manera informal, acompañado por una niñita que se puso a jugar en la habitación. Nos dijo que todo había sido un éxito”, relató Ezequiel Reyes, hijo de la pareja.

José Emmanuel Gutiérrez
José Emmanuel Gutiérrez, borrado de las clínicas en las que trabajaba

Antes de que el médico les dijera que había salido todo bien, Ezequiel sostuvo que le hicieron saber sobre un detalle inquietante: Fabiana había orinado sangre con coágulos. “Es normal”, respondió el médico, según explicó el joven Reyes. Acto seguido, le dio alta médica, apenas 24 horas después de la cirugía. “Nos vinimos a casa -comentó Reyes- y ahí comenzó la pesadilla”.

Dolor, vómitos y temor

Esa noche, el dolor de Fabiana se volvió insoportable. Vomitaba y apenas podía caminar. “Ella me dijo que le escribiera a este sujeto, porque no creo que pueda llamarlo médico. Le mandé un mensaje describiéndole la situación, me contestó que podría tratarse de un ´ataque al hígado´ y le debíamos disminuir un calmante. Con mi hijo nos miramos sin entender, justamente se retorcía de dolor y vomitaba sangre”, explicó Reyes.

Decidieron consultar con su médico de cabecera, el doctor Benjamín Álvarez, quien en ese momento no se encontraba cerca. “Me dijo que nos fuéramos urgente al hospital, la subimos en el auto y cada bote que dábamos ella gritaba del dolor, íbamos a paso de hombre”. 

Llegaron a Tres Cerritos, “vimos al médico de guardia afuera, estaba fumando, después nos fue a ver y nos salió con su diagnóstico: ´Es una infección urinaria´ nos dijo que no había problemas, que ya pasaría”, contó el abogado penalista. 

Sin embargo, nada mejoró.

Fabiana de los Ángeles Morales Andrada y su marido, ahora viudo
Fabiana de los Ángeles Morales Andrada y su marido, ahora viudo

Al día siguiente, el lunes 24, “Fabiana me llama, tenía un dolor insoportable, me cruzo con una enfermera y la llevo para que la vea, le golpea la panza y me dice ´mire es un tamborcito´ ya la llamo a la médica. Entró una rubia, pomposa, de las que creen que hablando fuerte y simpática dan calma: ´Hola gordita, qué te pasa, qué tenés´le dijo y se fue”, apuntó el letrado.

El penalista contó que en ese momento observó cómo la escena en el interior del Hospital Privado Tres Cerritos se convertía en una “película norteamericana donde salen y entran enfermeros, estaba helado. Mi mujer me dijo: ´tengo miedo´”. De nuevo apareció la doctora para decirles que debían llevarla al quirófano. “Seguía entrando y saliendo gente, me planté y le dije: no soy ningún ignorante, quiero que me diga qué pasa”.

“Mamá, te amo, vas a estar bien”

“Seamos francos: en esta maldita sociedad vos sos de piel oscura y sos un ignorante, no hay vuelta que darle, así es la cosa. Si sos de piel oscura, sos un ignorante y te pueden joder como quieren”, apuntó el abogado Reyes en un tono de profundo dolor pero también de indignación tras inferir una triste realidad.

“Cuando la mujer -por la médica rubia- empieza a escuchar con claridad mis conceptos, supo que no era un negro ignorante, sino una persona que algo sabía. Me dijo que mi esposa estaba sangrando y que había que suturar la herida. Había que intervenirla quirúrgicamente, pasó la camilla volando y mi hijo menor la tocó y le dijo: ´Mamá, te amo, vas a estar bien´”.

El calvario de los Reyes, y a esa altura de un numeroso grupo de gente entre familiares y amigos que acompañaron en el instituto médico, volvía a repetirse. “Cuatro horas tuvimos que esperar, salió un anestesista y -Flores-, no me voy a olvidar jamás, dijo: ´Mire la situación es muy grave, hubo una especie de sangrado interno que le produjo una infección, junto con el doctor Gual decidimos dormirla, ya el doctor - por Gutiérrez- le explicará la situación´”.

Una tía que estaba con el abogado y su hijo le pregunta al doctor Flores si se trataba de un “coma inducido”, y la respuesta fue: “Algo así, yo diría un farmacológico”. Les dijo que el doctor Gual les iba a dar más información, pero “nunca lo vimos”. Luego apareció el cirujano Gutiérrez, “y empezó con la misma parodia diciendo que había salido todo bien, que en la primera operación se les había pasado un corte, pero que ya había solucionado todo”.

Antes de sacarla de quirófano a Fabiana, el médico le aconsejó a la familia que no asusten cuando la vean salir, está con respirador artificial, está dormida -estaba en coma-”. Cuando observaron a la docente “nos desesperamos”, la subieron a terapia intensiva, según Gutiérrez era para un mayor control. “No se asusten, ella es joven, va a estar bien”, dijo el cirujano.

Por la noche, a partir de las 20 -hora de visitas en la terapia-, “no se qué pasó pero vimos una evolución, ella tenía otro color, como cuando la conocí, la verdad no se, dejo esa inquietud. Nos fuimos esperanzados, contentos pensando que se estaba recuperando, nos abrazamos. Había mucha gente”, contó Reyes. Esa noche fue la última vez que vieron a los médicos Gutiérrez y Gual.

“Aullábamos como dos lobos”

Regresaron a su casa, en calle San Juan de esta ciudad, para tratar de descansar. “Me dolía tremendamente ver su ropita en el dormitorio, cómo su gatita preferida la esperaba. Decidimos con Ezequiel, bajar los sillones para dormir, darnos fuerzas entre los dos. Mi hijo menor se había quedado en el hospital”, relató el penalista.

“Durante la madrugada del martes 25, siendo las 2.30, mi hijo me toca el brazo una y otra vez, me despierto y le preguntó qué había pasado. ¿Estás bien, estás bien? me preguntó. Reacciono, tratando de llamar, me agarra y me dice: ´La mamá, ha muerto´”.

El dolor vuelve una y otra vez, la tristeza embarga su mirada, pero sigue, el doctor Reyes sigue narrando el triste e indignante final de su esposa.

“Cuando abrí los ojos, entre las 2.15 y las 2.20 presentí que algo iba o había pasado, y recibí esa llamada que nadie espera. Me tocó comunicarle a toda mi familia el fallecimiento de mi mamá”, contó Ezequiel Reyes, de 31 años.

Padre e hijo se derrumbaron. “Éramos dos lobos aullando”, expresó el abogado. Llegó un amigo que se fundió en un abrazo y comenzó a llorar junto a ellos, estaban en la vereda de la casa.  Tomaron un auto y fueron al hospital. “Me volví a descompensar, no quería estar adentro”, contó Reyes.

Visita inesperada y oferta de cremación

Mientras la familia lloraba en la vereda, dos mujeres vinculadas al cirujano -según la denuncia- ingresaron al hospital con actitud hostil. “Entraron con cara de malas, no nos dirigieron la palabra. Nosotros, que éramos muchos, nos preguntamos ¿qué hacían a esa hora de la noche en el hospital?”, contó Reyes.

En ese clima de desconcierto, alguien del hospital se acercó al hijo menor con una propuesta escalofriante: “Si autorizan ahora la cremación, en dos horas -a las 5- les damos un cofrecito con las cenizas”.

El impacto emocional casi llevó a aceptarlo. “Pero, por algún motivo y en medio de tanto dolor, reaccioné, alguien dijo que grité. ¡¡No!! Andá a hacer la denuncia”, solicitó Reyes a su hijo Ezequiel, quien junto a un amigo, “más que un amigo, un hermano, el doctor Vargas”, fueron a sellar la denuncia. Desde la fiscalía ordenaron suspender todo.

Cuando observaron que las irregularidades seguían, a pesar de la intervención de la Fiscalía Penal del GAP, a cargo del fiscal Santiago López Soto, dado que no se ordenó de inmediato el allanamiento al hospital, sino que les dijeron que iban a respetar los protocolos, “frente a ese panorama y aconsejados por mucha gente decidimos hablar a los medios, fue mi hijo mayor el que tuvo que poner la cara y explicar la situación”.

Al cabo de unos minutos de hablar con la prensa, desde el instituto médico hicieron aparecer la historia clínica, pero lo que es más importante entregaron el cadáver. El Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) realizó la autopsia, bajo las órdenes del doctor Chirife, en quien la familia asegura haber encontrado “objetividad y humanidad”.

“La autopsia es concluyente, a mi esposa la mataron”

Horas después, llegó el informe de la autopsia. “Es concluyente. A mi esposa la mataron. No murió por una complicación inevitable. Murió por lo que este sujeto hizo junto a todos los que participaron”, afirmó Reyes, señalando al cirujano Gutiérrez y al equipo que intervino. La familia se constituyó como querellante. El abogado Juan Casabella Dávalos llevará adelante la causa. 

“No tenemos sentido de venganza, sino de justicia, no queremos dinero, sino justicia legal porque a pesar de los vaivenes que hubo voy a seguir creyendo en la justicia, pero no la voy a descuidar, voy a estar ahí, vigilando y expectante para que Fabiana tenga justicia porque se lo merece, porque fue un Ángel no para mí, sino para un montón de gente”, concluyó Roberto Reyes, esposo de la víctima.

Fabiana, un ángel truncado

La muerte de Fabiana de los Ángeles golpeó no solo a su familia, sino a miles de personas que en vida recibieron su ayuda. Hacía obras de caridad en silencio. Llevaba comida a niños, pagaba inscripciones escolares, conseguía donaciones para escuelas, acompañaba a jóvenes a salir de las drogas. “Le arrebataron la posibilidad de seguir salvando vidas. Era un ángel”, dice su esposo.

Fabiana junto a su esposo y sus dos hijos.
Fabiana junto a su esposo y sus dos hijos.

El Colegio Divina Misericordia, donde era rectora del nivel terciario, colocará su foto en el oratorio para honrar su memoria. La familia, también evalúa crear una fundación en su nombre.

En medio de la lucha y el profundo dolor, ahí siguen los recuerdos que tanto Roberto, esposo como sus hijos atesorarán por siempre. “Ella siempre nos protegía, nos malcriaba. La gente que nos conoce sabe que somos tres inútiles que no sabemos ni hacer un huevo frito. En la limpieza nadie tenía que hacer nada porque ella se ocupaba, lavar menos, planchar ni hablar y cocinar mucho más. La cocina para ella era un arte, para nosotros era un orgullo invitar a comer amigos porque todos concluían en que era una cocinera espectacular”.

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