Antes del juicio por los Cuadernos de las Coimas

Cambio de época: Por primera vez y después de décadas, la CGT le da la espalda al kirchnerismo

Congreso sindical marca nuevo rumbo de la central obrera con Héctor Daer, liderando estrategia dialoguista, pero de escasa renovación del movimiento sindical argentino.

Por Federico Aspiazu

Cristina Kirchner — .

Tras la bruma de las elecciones del 26 de octubre, donde Fuerza Patria no logró imponerse, el peronismo parece haber reconfigurado su tablero interno. Un indicio claro de este cambio se evidenció en la reciente elección de la conducción de la CGT, donde los gremios más estrechamente ligados al kirchnerismo perdieron terreno.

Todo sucedió un día antes que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner sea juzgada como supuesta jefa de asociación ilícita y cohecho junto a otros 86 acusados, entre ellos ex ministros de su gobierno, el remisero autor de los “cuadernos” Oscar Centeno y medio centenar de empresarios.

Lejos de la dureza K y cerca del diálogo

En el cónclave donde se definiría el futuro de la central obrera, los congresales optaron por una línea más dialoguista, encabezada por Héctor Daer. Su influencia se tradujo en la designación de Jorge Sola a una de las codiciadas sillas del triunvirato. A su lado, el Sindicato de Camioneros, con su peso histórico en la vida sindical argentina, revalidó su lugar a través de Octavio Arguello.

La tercera pieza de este nuevo esquema de poder es Cristian Jerónimo, del Sindicato del Vidrio, una figura que representa, según muchos, una apuesta por el necesario trasvasamiento generacional dentro del sindicalismo.

Este nuevo mapa deja fuera del círculo de decisión a organizaciones que, en el pasado reciente, gozaron de mayor protagonismo. La Bancaria, por ejemplo, continúa al margen de la central. La UOM, liderada por Abel Furlán, si bien no quedó totalmente excluida, vio cómo Osvaldo Lobato, de la seccional San Martín, era designado en la estratégica Secretaría Gremial, diluyendo el poder central.

En los días previos a la elección, se especuló con la posibilidad de que una mujer integrara el triunvirato, una movida que, según algunos analistas, podría haber favorecido las aspiraciones del kirchnerismo, especialmente si la elegida era Vanesa Siley, secretaria general de Judiciales de la Ciudad y figura cercana a la ex presidenta Cristina Kirchner.

Sin embargo, esa posibilidad nunca llegó a concretarse. Tampoco prosperó la candidatura de Maia Volcovinsky, también de Judiciales, otra de las aspirantes a reducir la persistente brecha de género en la cúpula de la central obrera.

“Se venía hablando de qué manera poder conformar el triunvirato para incluir a una mujer, era una de las posibilidades y fue parte de las charlas”, reconoció un dirigente cegetista, en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, dejando entrever que la intención existió, aunque no se materializó.

La distribución del resto de las secretarías siguió un camino más predecible. Andrés Rodríguez, de UPCN, consolidó su posición en la Secretaría Adjunta, mientras que Gerardo Martínez, líder de la UOCRA, renovó su mandato en la Secretaría de Relaciones Internacionales, la "Cancillería" de la CGT.

Los salientes Héctor Daer y Carlos Acuña, lejos de alejarse del todo del centro de la escena, se aseguraron un lugar estratégico: el primero ocupará la Secretaría del Interior y el segundo, la de Turismo. José Luis Lingeri, anfitrión del congreso en el estadio Obras Sanitarias, fue recompensado con la Secretaría de Acción Social. De esta manera, los 'Gordos' (los gremios de servicios) y los 'Independientes' (donde figuran Andrés Rodríguez y Martínez) volvieron a repartirse el control.

La UTA, bajo la conducción de Roberto Fernández, manifestó su desacuerdo con la forma en que se votó el triunvirato (a mano alzada), lo que llevó al dirigente a abandonar el congreso antes de su finalización. Sin embargo, fuentes consultadas aseguraron que esta actitud no implica que el gremio se aleje de la central.

CGT

Una postura similar adoptó el gastronómico Luis Barrionuevo, quien abogaba por el retorno al modelo tradicional del unicato, con un único secretario general al mando.

Lo que Barrionuevo parece resistirse a aceptar es que, al igual que en el intrincado mundo del peronismo, la unidad monolítica es una utopía. En cambio, las mesas colegiadas parecen haberse consolidado como la norma, un reflejo de las tensiones y equilibrios que definen el presente político y sindical del país.