SociedadLe picó el bichito y se lanzó al mundo

"De Salta a Alabama": una científica del Conicet relata su experiencia postdoctoral en apicultura

La investigadora rafaelina, con corazón salteño, cuenta sus trabajos de investigación sobre las plagas que atacan a las colmenas de abejas y que marcaron un precedente mundial. Su formación en Argentina y el apoyo familiar, fundamentales para sus logros en Estados Unidos.

María Fernanda  Navarro de Haz
por María Fernanda Navarro de Haz 8 Noviembre de 2025
8 Noviembre de 2025

Agostina Giacobino es una investigadora argentina del CONICET, salteña por adopción en tiempos clave de su formación de juventud, que luego siguió sus estudios e investigaciones entre Córdoba y en su Rafaela natal. Desde Estados Unidos, le cuenta a Gente de Salta cómo fue su experiencia al mudarse a ese país para realizar un postdoctorado

Alabama EE.UU.
Alabama EE.UU. última nevada 

¿Por qué decidieron mudarse a Estados Unidos?

Nosotros, mi familia (mi marido y mis dos hijos), nos mudamos a Estados Unidos el 1° de enero de 2024. Fue una oportunidad laboral que surgió de colaboraciones con un grupo de investigación de acá. Me ofrecieron venir por lo menos un año para hacer un postdoctorado en un tema de investigación muy afín a mi trabajo en Argentina.

¿A qué te dedicabas en Argentina?

Soy investigadora adjunta del CONICET. Mi tema principal son las enfermedades asociadas a la producción apícola, especialmente un parásito llamado varroa destructor, el principal ácaro que afecta a las colmenas a nivel mundial. Si bien hay diferencias entre la producción en Estados Unidos y Argentina, también hay similitudes. La idea era completar mi formación, ampliarla y establecer una colaboración fluida con este grupo de investigación, que espero continuar al volver a Argentina.

Agostina Giacobino
Agostina en acción en Argentina 

¿Cuánto tiempo planeaban quedarse inicialmente?

Cuando decidimos hacer esta aventura familiar con Ignacio, mi marido, la oferta era por uno o dos años. Optamos por aceptar un año, sin saber cómo sería la adaptación, especialmente la de nuestros hijos. Al final, parece que serán tres años, ya que estamos cerca de cumplir el segundo y tenemos todo preparado para extenderlo un año más. La decisión de extender la estadía se basa principalmente en que nuestros hijos están bien y tienen una hermosa experiencia en otro país.

¿Cómo fue la adaptación a la vida en Estados Unidos?

Al principio, mudarse a otro país es como estar de vacaciones. Vivimos en una ciudad relativamente pequeña en Alabama, pero es una ciudad universitaria con mucha vida y mucha vida familiar. La universidad atrae a familias de todo el mundo, así que mis hijos van a la escuela con chicos de Corea, México, Tailandia y muchos otros países. La escuela trabaja mucho en integrar y destacar esa multiculturalidad. Elegimos la escuela antes de mudarnos por esta razón. Tienen un programa de apoyo para quienes no hablan inglés, que ayuda mucho a los chicos a integrarse rápidamente. Me encontré con una calidez de las docentes muy parecida a la que estamos acostumbrados en Argentina, lo que nos dio mucha tranquilidad.

Alabama EE.UU.
Alabama EE.UU.

¿Qué te parece la ciudad en la que viven?

La ciudad es muy ordenada, muy limpia, con mucha vida familiar y mucha presencia de la municipalidad en actividades y propuestas. Es una ciudad tranquila pero con mucha dinámica. Me encantó. Pero extrañamos mucho la familia y los afectos, ese hacer cotidiano argentino de llamar a un amigo y armar un asado o una picada en cinco minutos, la juntada familiar del domingo. Vengo de una familia de origen italiano muy ruidosa y amorosa que se extraña muchísimo. Extrañamos algunas comidas o costumbres típicas. Acá tenemos el mate y amigos argentinos, así que los viernes o fines de semana nos juntamos en una plaza para que los chicos jueguen y nosotros tomamos mates. Pero sí, se extraña esa espontaneidad que tenemos para armar planes con los seres queridos.

¿Cómo te sentiste profesionalmente al llegar a Estados Unidos?

Siento que llegué preparada, aunque no lo sabía antes. En muchos aspectos me sentí muy bien preparada, tanto en lo académico como en cómo afrontar y resolver situaciones, cómo trabajar con un sector productivo que es complejo. Obviamente siempre hay por aprender, y mi objetivo era ampliar mis conocimientos en la interacción con este grupo de investigación y llevarme herramientas nuevas para aplicar a nuestro grupo en Argentina. Pero también siento que llegué con cosas para aportar, que tienen que ver con nuestra formación, nuestra capacidad en Argentina de resolver conflictos e inconvenientes, de quizás disponer de menos presupuesto, pero muchas ganas e ideas para avanzar en los proyectos de investigación. En la articulación con el grupo en Estados Unidos se dio una sinergia muy buena. Quizás acá hay menos limitaciones de presupuesto, pero la capacidad de resolver las cosas con menos presupuesto, a lo que estamos acostumbrados en Argentina, también aporta mucho ingenio e innovación. Estoy muy orgullosa de la formación que recibí en Argentina. Básicamente, esa formación me permitió tener una oportunidad de trabajo en Estados Unidos, sobre todo una formación que fue completamente desarrollada en el sector público, al que apoyo y defiendo fuertemente, desde mi paso por el secundario IEM, en un colegio preuniversitario de Salta, que me aportó muchísimas herramientas para transitar la universidad, y luego mi formación de grado y doctorado en la Universidad Nacional de Córdoba, una universidad pública con una calidad académica y humana increíble.

IEM
IEM - Instituto donde cursó sus estudios en Salta

¿Qué extrañan de la comida argentina?

Las comidas en Estados Unidos no es algo por lo que ellos se destaquen. Hay miles de restaurantes de comida rápida de todas las formas imaginables, así que extrañamos más de allá. Extrañamos el alfajor, mi marido va a ser el primero en decirlo, igual que mis hijos. Yo extraño muchísimo el asado. Hemos conseguido tapas de empanadas parecidas a las nuestras, así que hacemos empanadas caseras, pero se extraña la empanada salteña. También extrañamos un poco las pastas, se consiguen pastas ricas acá, pero creo que extrañamos un poco las pastas más cercanas al origen italiano. Hay algunos restaurantes acá de origen italiano donde se puede comer rico una pasta con berenjenas o con pollo, pero en general la comida en Estados Unidos no es algo que se destaque mucho. Uno podría comerse una buena hamburguesa con unas buenas papas crocantes, pero no lo cambio por un asado ni loca.

¿Cómo es la gente en Estados Unidos?

La gente acá es muy amable, muy educada, y nos han recibido muy bien. Siento que como familia nos han adoptado, nos han tratado de sumar a sus costumbres. Siempre recibimos una invitación, como por ejemplo la semana reciente de Halloween, y varias familias de amigos de los chicos que saben que venimos de otro país nos invitan a recorrer con ellos para que tengamos la experiencia cultural. Siempre podés contar con ellos si necesitas algo. Saben que no tenés familia, entonces si necesitas algún favor siempre están disponibles. Pero hay una cierta distancia cultural. Nosotros somos más espontáneos, más de juntarnos y estar toda una tarde charlando. Ellos te hacen una invitación que es una hora, dos horas. Vamos al parque a una cita de juegos, como les llaman acá, y vamos una hora y media, y si vamos de cuatro a cinco y media, a las cinco y media nos fuimos. Es como todo mucho más estructurado, todo es más temprano. Si te invitan a cenar, te van a invitar a cenar a las cinco o seis de la tarde. Pero son muy amables, y la gente del sur de Estados Unidos es conocida por ser muy amable con la gente de afuera. En nuestro caso, que era un poco un miedo, no hemos sentido ningún tipo de discriminación por ser latinos. A veces el sur de Estados Unidos puede ser complejo en ese sentido, pero como vinimos a un Estado con menor presencia de gente de otros países, específicamente de gente de origen latino, nos han recibido muy bien. Tenemos varios vecinos latinos donde uno siempre se encuentra y el solo hecho de hablar castellano o español ya te cambia un poco el humor, te relaja el hablar un rato el español fuera de la casa.

¿Qué extrañás de Salta?

Como hace muchos años que me fui de Salta, extraño muchísimo a las amistades muy profundas que me quedaron de mi paso por la secundaria. Amigas que son para toda la vida, con las que sigo en contacto y siempre puedo retomar una conversación como si el tiempo no hubiera pasado. Extraño mucho la calidez de la gente del norte, esa tranquilidad, ese amor por la tierra, ese arraigo cultural tan fuerte que tiene Salta, ese orgullo por los orígenes que tiene la gente de Salta. En un plano un poco más terrenal, extraño muchísimo las empanadas salteñas, que no hay otras en el mundo.

Alabama EE.UU.
Alabama EE.UU. Universidad 

¿Cómo es ser científica y mujer en tu campo?

Ser científica y ser mujer en una misma vida no es tan fácil. Pero hay una complejidad agregada. En mi caso, el acompañamiento familiar lo hace posible. El hecho de yo haber podido mudarme a otro país para seguir creciendo profesionalmente no hubiera sido posible si no hubiera habido el apoyo, estímulo e impulso de mi marido, en principio; de mis hijos, que se sumaron al plan y se adaptaron, y del resto de mi familia en todo, tanto en la previa, en la mudanza, como en la distancia, el seguir conectados. Así que detrás de la posibilidad de crecer profesionalmente, estar trabajando en una universidad en Estados Unidos es gracias a mi formación en Argentina y también gracias a un gran apoyo familiar para poder hacerlo. Estudio enfermedades asociadas a la producción de miel, específicamente la transmisión, el control y el manejo de un ácaro que se llama varroa destructor. La posibilidad que me brinda estar acá es que estamos articulando con un montón de diferentes empresas que están desarrollando nuevos productos para controlar este ácaro. Algunos son de base biotecnológica, otros son de base química, pero tratando de apostar por los químicos orgánicos como para reducir el uso de algunos químicos en el control de esta parasitosis en la miel.

¿Cuál es tu aporte al volver a Argentina?

Mi aporte para cuando vuelva a Argentina, sobre todo, es contar con mayores herramientas en esa caja que necesitamos tener para hacer un control integrado de la parasitosis, que no solamente dependa del uso de químicos, sino que integre otras estrategias. Dado que hay muchas similitudes en cómo el grupo de investigación en el que yo trabajo en Estados Unidos y nuestro grupo de investigación en Argentina abordan esta problemática, siento que me llevo un montón de nuevos conocimientos, aportes y estrategias para trabajar con los apicultores de Argentina. Siento que la experiencia que nosotros tenemos como investigadores de Argentina ha sido muy bien valorada acá, nuestro trabajo sobre todo en ciencia aplicada, la interacción con los productores, el manejo de la complejidad de la problemática. A veces uno podría pensar en una solución muy buena desde el punto de vista científico, pero que es muy difícil de aplicar a nivel productivo. Entonces, esa constante interacción del sistema productivo con el grupo de investigación y con la gente que hace extensión, quienes trabajan en ese vínculo entre el desarrollo científico o la investigación científica y la producción que es a la larga quienes son los destinatarios de nuestra investigación, todo ese círculo virtuoso entre extensionistas, investigadores y productores me parece que es lo que destaca a nuestro grupo de Argentina y ha sido muy bien valorado en el grupo de investigación en Estados Unidos.

Últimas noticias