Por esos azares que solo internet permite, Jime se cruzó al amor de su vida en un grupo de Telegram sobre criptomonedas. Ella, contadora nacida y criada en Salta Capital; él, Hunain Wali, un joven pakistaní que vive en Londres. Entre mensajes en inglés básico y videollamadas nocturnas, construyeron una relación de cuatro años, que comenzó a distancia pero que hace apenas dos meses dio un giro definitivo: Jime dejó Argentina y se mudó a Inglaterra para comenzar una vida juntos.
La historia empezó en 2020, cuando ella recién se iniciaba en el mundo de las criptos y la valentía de una de las partes. “Él se animó y me mandó mensaje de la nada”, recordó Jimena con cierta nostalgia en contacto con Gente de Salta.
La barrera del idioma, lejos de alejarlos, la empujó a aprender y así se inscribió en cursos de inglés en la UNSa, con la premisa de mejorar para poder comunicarse. “El amor me inspiró a querer hablar mejor el idioma”, confesó.
En el tiempo que siguió, conocieron a sus familias por videollamadas, hasta que en enero de 2024 Hunain viajó por primera vez a Salta. No fue un viaje sencillo: perdió vuelos, tuvo que volar a Jujuy y ella cruzó la provincia para ir a buscarlo. Pero el esfuerzo valió la pena. Conoció a padres, abuelos y parte del noroeste argentino, desde la ciudad hasta la Cuesta del Obispo y Jujuy.

Un casamiento frustrado en Salta
La pareja planeaba casarse en Argentina, pero el proceso se transformó en una odisea burocrática. Jimena había averiguado los requisitos un mes antes, pero al presentarse en el Registro Civil fueron rechazados. Les exigían que la partida de nacimiento de Hunain estuviera legalizada por la embajada argentina en Pakistán, un trámite prácticamente imposible de completar desde aquí. Ni la firma del embajador pakistaní en Buenos Aires, ni las gestiones en tiempo récord lograron destrabar el pedido.
“Nos decían que no podían dar permiso porque si nos casábamos él podía obtener la nacionalidad argentina y no sabían qué clase de persona era”, recordó ofuscada Jimena. Y contó que ni la traductora que los acompañó había visto tantos obstáculos antes. La familia de ella esperaba celebrar, pero la respuesta fue siempre la misma: no. Hasta evaluaron casarse en otra provincia, pero ya era demasiado.
"Fue muy decepcionante, pero ojalá que algún día nos podamos casar en Salta porque también quiero compartir con mi familia", cerró el tema con cierta esperanza.
Los desafíos tras el casamiento en Londres
Un año después, en agosto de 2025, la pareja logró casarse pero en tierras extranjeras. Jimena viajó a Londres y en una mezquita celebraron una ceremonia íntima, acorde a las tradiciones musulmanas de Hunain. “Fue muy lindo, muy íntimo, pero sin su familia porque ellos están en Pakistán”, contó.
Tras la ceremonia, Jime regresó a Argentina para iniciar los trámites de su visa. En octubre se la aprobaron y, apenas una semana después, el 8 de octubre, tomó un avión rumbo a Londres.

“Pasó todo muy rápido”, expresó Jimena, quien ya lleva casi dos meses viviendo en el barrio de Newham. Y aunque cumplir el sueño de vivir en una ciudad grande fue un motor desde la adolescencia, la adaptación no estuvo exenta de desafíos.
El otoño londinense la sorprendió con atardeceres que llegan antes de las cinco de la tarde. “Mi marido me dice que en invierno es peor, porque oscurece más temprano y amanece más tarde”, relató. No obstante, resaltó: “Con la temperatura no tengo problema, porque siempre preferí los días fríos a los de verano. Acá la máxima llega a 10°C u 8°C y la mínima a 2°C o 0°C”.
El trabajo fue lo más difícil. Después de aplicar a más de 200 empleos y pasar semanas enteras de entrevistas, consiguió un puesto part-time en una pastelería. “Aprendí gracias a mi mamá, que hacía tortas y masitas para las fiestas familiares. Por suerte pude encontrar algo en lo que ya tenía experiencia”, contó con alegría.
El día a día implica trenes y colectivos puntuales y barrios que funcionan como pequeñas ciudades. Pero lo que si extraña Jimena, son los asados y la carne local por los precios altos que hay en Londres. “Desde que dejé Argentina no pruebo carne. Acá comprar un bife es como comprar la despensa de una semana”, explicó.
Del chat a la convivencia: el paso más grande
El choque cultural también se dio puertas adentro. Hunain está acostumbrado a comidas muy picantes por sus raíces y ella, que siempre evitó el picante, debió adaptarse. “Al principio le decía que era alérgica porque me quedaban los labios hinchados y los ojos llorosos”, contó entre risas. Pero la convivencia también trajo aprendizajes más profundos: en Argentina, su mamá tenía todo listo cuando ella volvía de trabajar; ahora, las tareas se dividen según los días libres y suelen cocinar para dos días para aprovechar el tiempo.

El cambio más fuerte fue pasar de una relación sostenida por llamadas y mensajes a convivir como una pareja cotidiana. Los horarios laborales de Hunain en el supermercado, entra a las 12 y sale a las 22, hacen que muchas veces solo se vean por la mañana. Aun así, se organizan, comparten compras y construyen nuevas rutinas lejos de sus familias. “Es un gran cambio. Tenemos roces como cualquier pareja, pero la vamos llevando”, aseguró.
Planes a futuro: estabilidad, ahorro y un viaje pendiente
Jimena ahora busca un trabajo full-time para poder ahorrar más rápido y proyectar junto a su esposo. El objetivo es claro: comprar un departamento o casa y, cuando la situación económica lo permita, viajar a Pakistán para que Hunain pueda reencontrarse con su familia después de tantos años.
La historia de Jime es la de muchos jóvenes salteños que buscan nuevas oportunidades, pero también la de un amor que cruzó fronteras, idiomas, trámites imposibles y 11 mil kilómetros para volverse vida en común.