Isabel Martina Quipildor tiene 52 años y vive en el corazón de Finca Las Costas, en el municipio de San Lorenzo, donde prepara y vende humitas dulces y saladas, pastel de choclo y tamales, desde hace 30 años.
A lo largo de estas tres décadas construyó, de manera silenciosa, pero también laboriosa, una amplia y fiel clientela que no la abandona, debido a los increíbles sabores de sus platos, creaciones culinarias tradicionales hechas con pasión y mucho amor.
Esta dedicación sostenida a lo largo de su vida le permitió transformar su producción en su sustento diario.
Sin embargo, este año se animó a dar un salto y, a pesar de los nervios que le generaba, participó de la tercera edición del Concurso Municipal de la Humita, que se realizó en abril, en el Complejo Los Ceibos, donde se presentaron 11 mujeres de diferentes puntos de San Lorenzo, y obtuvo el primer premio, un reconocimiento que trascendió lo personal y que le abrió las puertas a un mundo de oportunidades.
Esto no solo le permitió conquistar paladares y hacer nuevos clientes, sino que además la motivó para comenzar a introducirse con sus humitas en ferias y eventos gastronómicos, y su nombre empezó a consolidarse en el circuito culinario de la región.

Su historia es un testimonio del amor por la cocina y la perseverancia en un oficio, un legado que se transmite de generación en generación.
En una charla con Gente de Salta, Isabel compartió sus recuerdos, anécdotas y secretos culinarios, reveló la esencia de su arte y la conexión profunda que tiene con sus clientes y su tierra.
Sus palabras, impregnadas de autenticidad y gratitud, nos transportan a la cocina de su infancia y a un presente lleno de logros.
“Mis clientes vienen hasta acá, me siguen a pesar de la distancia”, contó Isabel, quien detalló: "Empecé a vender en San Lorenzo, cuando mi hijo, que ya tiene 31 años, tenía dos añitos".
Al evocar los primeros pasos de su emprendimiento, rememoró que su madre “hacía humitas y tamales”, aunque por rebeldía no quiso aprender durante su juventud.
“No sé por qué no me gustaba”, explicó, tras lo que precisó que, “cuando estuve en pareja, la tía de mi ex, a quien con todo el cariño yo le digo tía del corazón, me decía que tenía que aprender. Yo insistía en que no, pero la ayudaba, y tal es que cuando mi hijo más chico tenía dos años, empecé a hacer humitas”.
Se puede advertir en las palabras de Isabel la nostalgia de su voz, que se mezcla con el cariño que siente al recordar a quienes la impulsaron a abrazar esta actividad.

“Ella me decía: es un trabajo para vos y aparte estás en tu casa, con tus hijos”, expresó, tras lo que pintó la imagen de su juventud, cuando empezó a recorrer en bicicleta las calles de San Lorenzo, para ofrecer sus humitas y tamales casa por casa: “como yo era joven, la gente me preguntaba quién los hacía, y yo decía que era yo, así que algunos decidían probarlas".
Sus primeros pasos no fueron fáciles, pero hoy puede decir con orgullo que aún mantiene clientes “de esa época”.
Relató con entusiasmo cómo un matrimonio que siempre le compraba sus humitas y sus tamales la ayudó a crecer, ya que su hija trabajaba en esa época en el colegio San Pablo y la conectó con otros clientes.
“Yo tenía vergüenza, miedo, pero igual fui”, destacó, a la vez que señaló, que así hizo contactos y, a través de las recomendaciones de “boca en boca”, fue ampliando su cartera de clientes.
Incluso, esta red de sugerencias le facilitó la posibilidad de llegar a los restaurantes, algunos de los cuales le abrieron las puertas a las que antes no había podido acceder: “Yo iba, les tocaba la puerta para vender las humitas, pero como nadie me recomendaba, era difícil”. Al llegar “con recomendación, enseguida las probaban y así empecé a proveerles”, resaltó.
Los restaurantes
Hoy, es ella quien abastece de humitas dulces y saladas y de tamales a algunos de los más emblemáticos referentes del sector gastronómico de Salta, como El Viejo Jack, El Baqueano, El Café del Tiempo, Van Gogh y El Castillo de San Lorenzo.
Fue justamente en el Castillo de San Lorenzo donde incursionó en una nueva variedad de tamales, porque la dueña los quería grandes, del doble del tamaño normal.
“Antes, como la chala no siempre era tan buena, a los tamales se los cruzaba y se hacían cuadraditos, como la humita, pero a la gente no le llamaba mucho la atención, los querían redondos, así que los empezamos a hacer todos redondos, con las dos ataduras. Para hacerlos más grandes, teníamos que seleccionar las chalas de los choclos de mayor tamaño, que además se tienen que secar para hacer la envoltura, porque no la podemos poner verde, como la humita”, explicó, al reflejar la dedicación en cada detalle.
Esto permitió que otros clientes se fueran enterando que hacía diferentes variedades de tamales y las comenzó a vender también: "Tengo una clientita que es un amor de persona. Tiene 10 años u 11 años, y le encantan, le fascinan, los tamales, pero grandes", que es "todo igual a los comunes, nada más que el tamaño es el doble".
“Gracias a Dios, hoy este es mi trabajo, mi sustento”, sostuvo Isabel, quien manifestó que “este año para mí fue muy, muy bueno”, por lo que se siente “bendecida”.
En este sentido, explicó: “Mi producción de humitas siempre es hasta julio. En las vacaciones de julio ya me quedo sin nada, aunque hay años en los que llego hasta agosto, con toda la furia, pero después ya no hay choclo, entonces, trabajo con los tamales o con el pastel, que lo hago con el choclo amarillo”.

No obstante, reveló que “hay muchos a los que no les gusta” el pastel con choclo amarillo, porque “no es lo mismo, tiene otro sabor”, y el que conoce, “lo sabe y se da cuenta”, pero este año “entró mucho el choclo capia de Bolivia, y eso me ayudó con la materia prima, y me permitió hacer humitas y trabajar todo el año”.
Ella no está sola en esta labor, ya que cuenta con una señora que la ayuda, además de una hermana de crianza, su nuera, que la acompaña en todo lo vinculado al almacenamiento y conservación de sus productos, y una de sus hijas, que colabora especialmente en la preparación de los tamales.
“Trabajamos de lunes a lunes”, precisó Isabel, quien explicó cómo tiene todo organizado para sus creaciones culinarias, cada día de la semana: "Los lunes preparamos todo para hacer los tamales, los martes los armamos y los miércoles voy a buscar todo para hacer las humitas, que se preparan los jueves, al igual que los pasteles".
La distribución es una tarea que realiza con esmero para llegar a todos sus clientes: “El viernes voy a entregar a mis clientes que viven en el centro y no vienen hasta acá”, mientras que los sábados y domingos, espera que sean ellos los que vayan hasta su casa a buscar sus pedidos.
La variedad de tamales es otro de sus sellos distintivos: “A los tamales comunes, se suman los grandes y los de copetín".
"El tamal se hace con carne de cabeza, y tengo varios clientes a los que les gusta, pero hay otros a los que no. Yo, en realidad, los preparo con tapa de asado, picada a cuchillo. Pero también hago de charqui, incluso en alguna oportunidad preparé de diferentes variedades: carne de cabeza, tapa de asado y matambre”, porque el que “sabe comer tamal, como en cualquier otra comida, le encuentra el sabor en el paladar y se da cuenta de la diferencia de carne”, apuntó.
El Concurso de la Humita fue una experiencia transformadora para Isabel

“Este año, como que yo le digo, fui bendecida”, porque “quise participar del concurso, así que me preparé”, dijo, y agregó: “fue un gran esfuerzo, a lo que se le sumaban los nervios”, pero juntó valor, se animó y lo hizo muy bien.
Isabel aún se emociona cuando cuenta cómo fue esa experiencia.
“Para mí fue un gran entusiasmo, un orgullo y estoy agradecida siempre de haber ganado la primera vez en que me presenté”, resaltó.
Ella es consciente de que su trabajo es mucho más que una fuente de ingresos: “Yo vivo de esto, gracias a Dios. Tengo mis clientes, que si no viene uno, viene el otro, me hacen pedidos, o se van de viaje, entonces se quieren llevar, y los restaurantes que incluso en temporada baja piden, poco, pero piden, o viene alguien y nos compra, y eso está muy bueno”.
Además de la Semana Santa, confesó que la otra época del año en la que más se venden humitas es en las vacaciones de julio, por la afluencia turística o la llegada desde otras provincias de muchos familiares de sus clientes, quienes piden comer humitas y tamales: "A eso lo vivimos todas".
La gratitud de Isabel es permanente, no solo a quienes le enseñaron y le inculcaron este arte culinario, sino también a su familia, por el apoyo constante, y a sus clientes, por su lealtad.

“Yo siempre agradezco a Dios, y a mis hijos, porque ellos estuvieron y están siempre a mi lado, me apoyan en cada cosa que yo decido hacer, colaboran conmigo y están ahí presentes. Eso realmente me llena de satisfacción”, explicó, tras lo que recordó que si sus clientes no llegaran hasta su casa, ella no podría vender todo lo que vende.
Por otro lado, reveló el ingrediente que le da vida a su humita: “El principal ingrediente de la humita, aparte del choclo, es la albahaca, que es la base de la humita”.
“Muchas veces me tocaron clientes a los que no les gustaba la albahaca, y uno se tiene que reinventar. Además, estamos en un tiempo en el que hay muchas alergias e intolerancias que se deben respetar”, amplió.

Sobre esto, indicó que debió hacer un curso de manipulación de alimentos y aprender cómo se deben preparar los productos que vende para que sean aptos para celíacos.
Donde podemos ubicar a Isabel
A Isabel se la puede contactar a través de Google, como Isabel “Humitas y Tamales”, donde están su teléfono y ubicación, mientras que en Instagram está como @isabel_humitasytamales.