María Asunción Pastrana nació en Salta el 13 de mayo de 1.948 y tiene en su haber una larga historia de esfuerzo y dedicación. Creció en el seno de una familia de campo, donde aprendió el significado del trabajo desde que era una niña, primero ayudando a sus padres y más tarde sosteniendo a su familia.

La mujer es todo un emblema dentro de la provincia debido a que, a lo largo de los años, se ha ganado su lugar gracias a lo sabroso de sus comidas como su entusiasmo por el trabajo. Se la llama la “arganera” dado que las árganas eran canastos que llevaban a los costados de sus caballos, mulas o burros para transportar la mercancía.

La mujer recordó que desde muy temprana edad comenzó ayudando a su madre en la venta de empanadas y bollos, a veces “cuando se podía” se sumaban otros productos, como empanadillas o quesillos que comenzó a traer en sus canastos desde el paraje La Costa para vender y ayudar en la economía familiar.
En su juventud, contó Asunción, trabajó como empleada doméstica, pero no tiene recuerdos lindos sobre esos tiempos: “no me gustó por el trato que tenían conmigo las patronas, ni siquiera me daban de comer así que me volví a casa”.
Casi por casualidad, un día de paseo por Chicoana, conoció a una mujer que le enseñó la verdadera receta de los tamales, y al poco tiempo se convirtió en toda una experta sobre cómo elegir los mejores ingredientes y el armado. Desde ese momento, hace ya casi 50 años, nunca dejó de hacerlos.

“Antes la gente me compraba mucho, pero muchos ya fallecieron y ahora cada vez se vende menos, a veces solo te compran de a dos y todo cuesta más”, sostuvo la mujer. Eso no la desanima y cada día emprende temprano con la preparación de los ingredientes, el armado de los tamales y hasta el ensillado del caballo. Ella se encarga de todo, “no tengo ayuda de nadie, desde chica aprendí a ser independiente y salir adelante”, indicó.

Con esfuerzo y dedicación, María Asunción logró sacar a su familia adelante. Madre de siete hijos, esta salteña pudo complementar muy bien su emprendimiento con las tareas del hogar y la crianza de sus hijos.
Asegura que quedarse en casa no es opción, ya que “no me puedo quedar quieta, si yo me quedo en la casa, estoy aburrida, estoy mal y me enfermo”, por eso es que no duda en salir a vender, además de ayudarse con los gastos que le demanda mantener a sus animales: “Yo cobro la jubilación mínima y tengo cinco animales, tener ese solo ingreso no me alcanza para mantenerlos, ellos necesitan su alfa, maíz y otros alimentos y si me falta para ellos me desespero”.

El cariño y el respeto por doña María Asunción hizo que artistas le dedicaran canciones, dibujos y hasta alguna pieza artesanal, como una forma de inmortalizarla.
Doña Asunción es un orgullo salteño y verla en su paso lento a caballo por las calles de la ciudad, queda grabado para siempre en la retina.