Jorge Mimessi es un trabajador que con 37 años de servicio en la Casa de la Cultura de Salta, pero mucho más en el ambiente cultural y que está pronto a jubilarse, denunció estar atravesando una situación de persecución laboral, que incluye descuentos salariales reiterados, denuncias policiales inventadas y conflictos con autoridades actuales del área. Así lo relató en una entrevista concedida a Gente de Salta, en la que reconstruyó tanto su trayectoria personal como el origen del conflicto que hoy lo afecta, impidiendo gozar de sus últimos años de servicio como anhelaba.
“No solamente duele por todo lo construido y entregado por este lugar, por amor al arte, a la gente, a la cultura; sino que duele llegar con la mitad de los víveres a mi casa”.

El empleado, de 63 años, se desempeña como jefe de escenario y sala, cargo que —según explicó— obtuvo por concurso y dentro de la carrera administrativa. Señaló que ingresó a la Casa de la Cultura por vocación artística y no como empleo público tradicional, y que a lo largo de los años trabajó como actor, músico, técnico e iluminador, todas carreras en las que se capacitó y recibió entre Salta y Buenos Aires, además de formar a nuevas generaciones de trabajadores del área técnica.
De hecho, sus orígenes en el rubro se remontan a un grupo de artistas, lectores y pensadores “rebeldes” durante la época del proceso militar, que se resistían a la muerte de la cultura a pesar de la persecución. “Me arriesgué a todo por la cultura, nos juntábamos en las plazas para llevar arte y alegría a los chicos y solo a cambio de las sonrisas y que la cultura no muera. No es bueno terminar perseguido por gente que no entiende nada”.
Descuentos y denuncias
De acuerdo a su testimonio, el conflicto se agravó en los últimos meses cuando comenzó a registrar descuentos salariales sin notificación previa ni posibilidad de descargo, una situación que —según indicó— contradice los procedimientos administrativos habituales. “Me di cuenta de los descuentos cuando vi montos idénticos repetidos mes tras mes, sin explicación alguna”, afirmó, señalando que los recortes impactan de manera directa en su economía familiar.

En paralelo, relató haber sido objeto de denuncias policiales por presunta violencia, presentadas por personal de seguridad privada que presta servicios en el edificio. Según explicó, las denuncias contienen textos prácticamente idénticos y fueron realizadas por distintos denunciantes en horarios diferentes, lo que evidenciaría una acción coordinada. Incluso, afirmó que personal policial habría manifestado dudas sobre la consistencia de las acusaciones.
Mimessi negó de manera categórica los hechos que se le imputan y sostuvo que nunca protagonizó situaciones de violencia. “Inventaron esto para sacarme del lugar”, aseguró, al tiempo que indicó que ya puso la situación en manos de su abogado, quien le recomendó prudencia en las declaraciones públicas mientras avanza el proceso legal.

El origen del conflicto
La escalada de tensiones comenzó cuando se negó a elaborar informes o participar en acciones que perjudicaran a otros compañeros. “No voy a prestarme a ensuciar a trabajadores de planta”, sostuvo. Desde ese momento, afirma, comenzaron las presiones, los cuestionamientos a su desempeño y las sanciones económicas.
No le encuentra explicación a tal persecución, solo el hecho de que “falta idoneidad en las autoridades que hoy están en cultura, las designaciones a dedo y los favoritismos; no se ni si el Secretario de Cultura de la Provincia está realmente al tanto de lo que pasa en su área, cuestiones que van en contra de la ética profesional de quienes después resultamos perseguidos”.
También denunció irregularidades en la organización del trabajo, como el uso de informes de guardias para cuestionar horarios, a pesar de que —según explicó— el personal jerárquico registra su jornada mediante reloj biométrico. “Se toman cinco minutos para justificar descuentos, sin considerar jornadas que se extienden hasta la madrugada por los espectáculos”, señaló.

Una historia ligada a la Casa de la Cultura
Durante la entrevista, el trabajador realizó además un recorrido histórico por la Casa de la Cultura, afirmando haber sido parte de los movimientos culturales que dieron origen al espacio tal como se lo conoce hoy. Recordó su participación en iniciativas artísticas durante décadas pasadas, incluso en contextos políticos adversos, y su aporte técnico en la transformación del edificio y la profesionalización del trabajo escénico.
“Todo lo que hice acá fue para que los espectáculos salgan bien y la gente se vaya contenta”, remarcó, destacando que el personal técnico suele trabajar fines de semana, feriados y jornadas extendidas sin mayores reconocimientos ni adicionales por condiciones laborales.
Formó junto con amigos y compañeros del arte el MOJPAC (Movimiento Juvenil Pro Arte Contemporáneo) con el que comenzaron a recorrer la ciudad con arte callejero e incluso sellaron las primeras actuaciones musicales del escenario de la Casa de la Cultura, cuando todavía era solo madera y un pobre tinglado. Junto con los músicos y artistas del movimiento encararon un proyecto de refuncionalización del lugar, totalmente ad Honorem, con el propósito de brindar un espacio a quienes tenían algún talento para mostrar.

Luego, la profesionalización de varios de ellos, él incluido, llevó a que los gobiernos siguientes lo consideraran para colocarlo entre las primeras filas a cargo del espacio cultural que se levantó en Caseros 460, en el corazón salteño. “Pero ojo, siempre detrás de escena, Siempre quise usar material de primera calidad y tener a mi lado mano de obra calificada para montar escenarios preciosos y seguros para la gente”.

Pedido de visibilización
El denunciante sostuvo que existe un “blindaje mediático” alrededor de la situación y que por ese motivo decidió contar su historia. Tiene documentación, recortes periodísticos y registros personales de horarios y tareas, que pondrá a disposición para respaldar su versión en una nota más amplia.
Finalmente, remarcó que su intención no es obtener beneficios personales sino visibilizar una situación que, según afirmó, también afecta a otros trabajadores del área cultural. “Independientemente de las represalias, al menos que se sepa lo que está pasando”, concluyó.