Sigfri es más que una marca de paletas heladas. Es un proyecto que busca contar una historia desde los sabores y desde el origen. La reciente incorporación de la paleta de tuna marca el camino que el emprendimiento quiere recorrer, poner en valor productos típicos de Salta y transformarlos en un helado artesanal, sin conservantes ni colorantes.
“Nuestra esencia siempre fue el helado artesanal, hecho de manera natural, sin conservantes ni aditivos. Eso es lo que a nosotros nos gusta y lo que queremos ofrecer”, explicó Melisa Luna, creadora de Sigfri, a Gente de Salta.
“Antes éramos una franquicia que también iba por ese lado, pero por una decisión de crecimiento decidimos lanzarnos a hacer nuestros propios productos. Sigfri es eso, hecho en Salta y hecho por nosotros”, relató.
El proceso no fue inmediato, sino que duró varios meses de trabajo a prueba y error por parte de Melisa hasta lograr la receta adecuada y los sabores con los que trabaja hoy y deleita a todos los clientes en la Usina Cultural. “Estuve mucho tiempo practicando, buscando la fórmula para que las paletas sean naturales pero que también mantengan la consistencia, que no se derritan rápido”, contó.
Todo el proceso es artesanal, desde la selección de los ingredientes hasta el empaquetado final y en el emprendimiento no solo está Melisa, ya que también la acompañan en esta aventura su pareja y sus padres.
Sabores salteños
La apuesta por lo local atraviesa cada decisión y es una de las metas que se ha propuesto Melisa para caracterizar la marca. “Como es hecho en Salta, buscamos tener una línea específica que sea salteña. Empezamos por la tuna, pero nuestro sueño es tener paletas de higo, de cayote, que sean postres salteños hechos paleta”, explicó. Al mismo tiempo, Sigfri mantiene sabores tradicionales. “También tenemos los clásicos que la gente busca, los frutales, los de crema, los de Oreo con leche condensada. Queremos que haya opciones para todos los paladares”, aseguró.
Los ingredientes también hablan de territorio. “Los productos lácteos son todos de acá, usamos la línea de Cosalta. Las frutas las compramos en la zona, por ejemplo el mango de Orán, y las pelamos a mano. Todo el proceso es manual”, remarcó Melisa. “Incluso usamos miel de Cachi y trabajamos con otros emprendedores, como Maracuyá, que nos proveen algunos congelados”, indicó.
Un nombre marcado por la resiliencia
El nombre de la marca no es casual. Sigfri nace en homenaje al padre Sigfrido Moroder, conocido como el padre Chifri. “A nosotros con mi pareja nos gusta mucho la montaña, hacemos trekking y ahí conocimos su historia en Alfarcito”, relató. “Me movilizó mucho su ejemplo de vida, cómo ayudó a la gente del cerro a salir adelante. Tuvo un accidente muy fuerte, se cayó y se volvió a levantar. Para nosotros eso es la resiliencia”, manifestó conmovida.
Ese concepto atraviesa también la historia personal detrás del emprendimiento. “Sigfri es un símbolo de volverse a levantar a pesar de las dificultades, pero también de amor por el otro. A través de nuestras paletas queremos llevar esa esencia y, al mismo tiempo, movilizar el mercado de los emprendedores salteños”, señaló.
Melisa contó además que el proyecto nació de un momento difícil. “Este emprendimiento nació de una necesidad. Yo trabajaba como enfermera laboral y de un día para el otro me quedé sin trabajo”, explicó sin rodeos. Y añadió: "Fue muy duro, pero el sueño de una heladería siempre fue de mi pareja. Él trajo la idea y yo lo acompañé. Amo el helado, podría comer todo el día, así que me subí de lleno”.
Teniendo en cuenta lo vivido, mirar hacia atrás todavía emociona a Melisa. “Hoy siento orgullo por mí, por no haberme quedado, por haber seguido insistiendo. Algunas cosas duelen mucho, pero también te sacan una fuerza que no sabías que tenías”, confesó.
Ser emprendedor en Salta
Además de emprendedora, Melisa sigue formándose. Estudia Administración de Empresas, una herramienta clave para el crecimiento de Sigfri. “Me interesa mucho aprender cómo se gestiona una empresa, los costos, el marketing. Hoy toda esa teoría la aplico directamente en nuestro emprendimiento”, explicó. También es coach ontológico, una formación que, según dice, la ayuda a acompañar procesos y a derribar miedos, propios y ajenos.
Ser emprendedora en Salta, reconoce, no es sencillo. “Es una montaña rusa de emociones. Hay días muy buenos y otros no tanto. Hay que aprender a trabajar con la frustración, a confiar en uno y a ser perseverante”, expresó.
En este camino, la red de emprendedores que fue conociendo con el paso del tiempo la ha ayudado mucho. “Me sorprendió muchísimo la solidaridad entre emprendedores que conoces en ferias, otros food trucks, en la Usina o eventos como el Potenciar. Una red te lleva a la otra, te asesoran, te acompañan. Eso es muy valioso”, destacó.
Actualmente, Sigfri funciona en la Usina Cultural, de lunes a viernes de 14 a 22 y los sábados por la tarde. “La invitación es a venir, probar las paletas y también conocer todo el patio de comidas”, señaló Melisa.
Con una identidad clara, sabores que remiten a la tierra y una historia marcada por la resiliencia, Sigfri se consolida como un emprendimiento que no solo vende helado, sino que también cuenta una historia profundamente salteña.