SociedadCuando las redes le pasan factura a los influencers

Tras perder 5 mil seguidores, Punky y Mimi, volvieron a aparecer, pero sin hablar de comida

Tras la polémica por el precio de un sándwich, el rechazo en redes obligó a los influencers a bajar el perfil y repensar su vínculo con una audiencia cada vez más crítica y sensible al contexto social.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 23 Enero de 2026
23 Enero de 2026

Lo que comenzó como una opinión sobre el precio de un sándwich de milanesa terminó convirtiéndose en una lección pública sobre los límites, la empatía y el poder —a veces subestimado— de las redes sociales. Los influencers salteños Punky y Mimi, conocidos por sus reseñas gastronómicas, quedaron en el centro de la polémica tras cuestionar a una familia que vendía sándwiches a $1.000. La reacción no tardó en llegar: rechazo masivo, pérdida de seguidores y el cierre temporal de sus redes.

El episodio dejó en evidencia una grieta cada vez más visible entre quienes generan contenido y quienes lo consumen. Para muchos usuarios, el cuestionamiento no fue una crítica gastronómica sino un gesto de desconexión con la realidad económica de miles de familias que subsisten con pequeños emprendimientos. El mensaje fue leído como una falta de sensibilidad, y las redes —ese mismo espacio que los impulsó a la popularidad— actuaron como tribunal inmediato.

Tras varios días de silencio, Punky y Mimi reaparecieron con un posteo distinto a los habituales. No hubo platos, promociones ni marcas asociadas. Tampoco “chivos”. Incluso, el último contenido publicitario que habían subido fue eliminado tras recibir una ola de comentarios negativos que, según trascendió, incomodaron a la propia marca.

Influencer renovado
Influencer renovado

El nuevo mensaje fue otro: una escapada a Cafayate, imágenes de paisajes, fotografías sin pretensiones y una narrativa más íntima. Un intento claro de humanizar la imagen, bajar el perfil y reconectar desde otro lugar. No es casual: en apenas dos semanas, la pareja habría perdido cerca de 5.000 seguidores, una cifra difícil de revertir en un ecosistema donde la reputación es tan volátil como el algoritmo.

El caso invita a una reflexión más profunda. En tiempos donde la exposición es moneda corriente, la opinión tiene peso y consecuencias. Ser influencer no es solo mostrar, recomendar o criticar: también implica comprender el contexto social, económico y humano de aquello que se expone. Las audiencias, cada vez más activas y conscientes, ya no consumen contenido de manera pasiva: interpelan, responden y sancionan.

Quizás este episodio marque un punto de inflexión. Para Punky y Mimi, y para muchos otros creadores de contenido, la lección parece clara: la empatía también construye comunidad, y sin ella, ningún seguidor está garantizado.

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