En medio de un fin de semana XXL que propicia la llegada de turistas de distintos puntos del país, un acontecimiento religioso captó hoy la atención de más de 10.000 devotos: la tradicional peregrinación a la Virgen del Cerro.
Al amanecer, cientos de fieles comenzaron a ascender el cerro de la Virgen, en las afueras de la ciudad de Salta. La peregrinación, que nació de manera espontánea hace más de dos décadas, se consolidó como uno de los rituales de fe más convocantes del Norte argentino. Familias enteras, jóvenes, turistas y personas que hicieron alguna promesa avanzan en silencio o entre rezos, guiados por la imagen mariana que, según los devotos, concede protección y alivio.
El camino, de pendientes irregulares y rodeado de vegetación, se convierte en un corredor de agradecimientos: placas, cintas y pequeñas ofrendas marcan el paso de quienes suben para pedir o cumplir una promesa. En la cima, la misa al aire libre reúne a los peregrinos en un clima de recogimiento que contrasta con el bullicio de la ciudad.
Esta tradicional celebración para honrar a la Virgen se celebró con misas, rosarios, cantos, procesiones de luces y bendiciones, siendo un evento anual de esperanza y oración comunitaria.
La convocatoria crece año tras año. Para muchos salteños, la peregrinación a la Virgen del Cerro es más que un acto religioso: es un espacio de pertenencia y un símbolo de identidad espiritual.
Y este año es una fecha particular ya que esta festividad hoy cumple su 25 aniversario, desde la inauguración del Santuario en el 2000. Una década antes, en 1990, María Livia había tenido la primera aparición de la Virgen en su hogar, lo que marcó el inicio de un movimiento espiritual que creció hasta convertirse en una de las celebraciones religiosas más significativas de Salta.
El Santuario se transformó en un punto de peregrinación permanente, recibiendo fieles no solo de la provincia, sino también de otras regiones del país y del extranjero.