A tan solo horas de haberse publicado los datos del mercado laboral, que marcaron una tasa de desocupación del 7,5% en el cierre de 2025, el escenario vuelve a poner en primer plano las tensiones del empleo en la Argentina, en un contexto en el que más personas salen a buscar trabajo mientras la economía intenta reordenarse a días de la entrada en vigencia de las reformas en las leyes laborales.
En ese marco, el economista Jorge Vasconcelos, investigador jefe del IERAL, planteó una lectura más estructural del fenómeno: el problema no está únicamente en el nivel de desempleo, sino en las condiciones en las que el sistema productivo llega a esta nueva etapa.

“El dato confirma las dificultades del cambio de modelo”, explicó, al describir un proceso en el que la economía se abre gradualmente, pero arrastra limitaciones acumuladas durante más de una década. Sostuvo, también, que la Argentina enfrenta una transición más costosa porque, como contó a La Nación, las empresas no están preparadas para competir.
El diagnóstico: una economía que perdió entrenamiento
El punto central de su análisis se remonta a 2011, cuando la implementación de restricciones cambiarias y comerciales modificó el funcionamiento interno de las empresas, desplazando el foco desde la producción hacia la administración financiera.
“En esos años, el que valía era el gerente financiero; el ingeniero o el jefe de planta tenía menos peso”, señaló, al describir una dinámica que, con el tiempo, debilitó las capacidades productivas.
De ese proceso surge una definición que sintetiza su diagnóstico: la Argentina llega a este nuevo escenario con empresas que no desarrollaron plenamente sus herramientas para competir en un entorno más exigente.
Una transición más difícil que otras
La comparación histórica refuerza esa idea. A diferencia de lo ocurrido tras la salida de la convertibilidad en 2002, cuando el sector privado venía de una década de competencia abierta, el escenario actual encuentra a las empresas con menor preparación para adaptarse a cambios en las reglas de juego.

Esa diferencia tiene efectos concretos: mientras aumenta la cantidad de personas que buscan empleo, la capacidad del sistema productivo para incorporarlas avanza con mayor lentitud.
El peso de la estructura y la geografía
El análisis también incorpora un factor estructural que condiciona la dinámica del empleo: la concentración poblacional en el Área Metropolitana de Buenos Aires convive con una matriz productiva fuertemente orientada a los servicios, mientras que buena parte de las actividades más dinámicas se desarrolla fuera de ese núcleo.
En la Patagonia, donde se ubica Vaca Muerta, la desocupación regional fue del 4,8% en el cuarto trimestre de 2025, mientras que en el aglomerado Neuquén-Plottier descendió al 2,3%; en el Noroeste, donde el dinamismo pasa más por la minería, la tasa regional se ubicó en 4,2%.
Esa diferencia no se corrige automáticamente, ya que en la Argentina no existe una dinámica extendida de migración interna, condicionada por factores como la infraestructura y las condiciones de vida.
Apertura y límites del modelo
En ese contexto, Vasconcelos plantea una distinción clave entre niveles. Mientras algunas empresas enfrentan con mayor intensidad la competencia externa, la economía mantiene un superávit comercial, impulsado por sectores con perfil exportador.
Esa dualidad explica por qué el crecimiento no se traduce de forma homogénea en el empleo: los sectores más dinámicos todavía representan una porción limitada del entramado productivo.
El economista también advierte que el escenario combina oportunidades y restricciones. Por un lado, la Argentina tiene margen para consolidarse como proveedor de energía, minerales y alimentos en el mediano plazo.
Por otro, el frente financiero introduce un condicionante inmediato: la suba del riesgo país y las dificultades para acceder al crédito limitan la velocidad de la recuperación.
“El problema hoy es el financiamiento”, sintetizó.


