Mi hijo el "dotor", una ilusión

Estudiar más ya no garantiza ascenso social, según informe socioeconómico

A pesar de haber superado el nivel educativo de sus padres, siete de cada diez argentinos de sectores bajos no lograron mejorar su posición social, señala el informe. La caída de la clase media, símbolo de identidad nacional.

Por Juan Ancalle

La movilidad educativa sigue existiendo, pero dejó de traducirse en movilidad económica, según Pensar Lab. — (web)

Los extremos de la pirámide social argentina se consolidaron y cada vez menos personas logran ascender de nivel. Así lo advierte un informe del laboratorio Pensar Lab, dependiente de la Fundación Pensar, que analiza cómo la desigualdad estructural debilitó el rol de la educación como vía de progreso económico.

El documento, elaborado junto a la consultora Casa Tres, señala que la Argentina se edificó sobre el ideal de ser una nación de clase media, pero ese modelo de cohesión social y movilidad ascendente se fue erosionando. Hoy, la brecha entre los que más y menos tienen se amplió, y la clase media quedó atrapada entre la incertidumbre y la pérdida de poder adquisitivo.

Según un estudio citado por Pensar Lab, elaborado por Moguer, el 93% del segmento ABC1 (clase alta) mantiene su posición sin cambios, mientras que el 91% del estrato D2 (clase baja pobre) continúa en situación crónica. Entre ambos polos se ubican las clases media alta (C2), media baja (C3) y baja superior (D1), cada vez más expuestas a los vaivenes de la economía.

El informe remarca que el ascenso social dejó de estar vinculado al esfuerzo educativo, incluso entre quienes lograron estudiar más que sus padres. Siete de cada diez personas de sectores bajos alcanzaron un nivel educativo superior al de su familia, pero no lograron mejorar su posición socioeconómica.

“El viejo ideal del ‘mi hijo, el doctor’ quedó reducido a una ilusión”, resume el documento, que advierte que la educación ya no garantiza progreso ni siquiera dentro de los hogares con más años de formación formal.

Moguer describe un país dividido en “tres Argentinas distintas y desconectadas entre sí”:

  • Una clase alta “orientada al futuro, con capacidad de planificación y progreso sostenido”.
  • Una clase baja “centrada en la supervivencia cotidiana, que avanza en pequeños pasos y con horizontes muy cortos”.
  • Y una clase media “que oscila entre el temor al futuro y la incertidumbre, sin poder proyectarse más allá del presente inmediato”.

Pensar Lab sostiene que la clase media argentina, símbolo histórico de identidad nacional, se fue diluyendo. “Cada vez menos personas se reconocen dentro de ella. La pérdida de poder adquisitivo se volvió el eje de la vida”, indica el informe.

Según el INDEC, 2,3 millones de personas se encuentran desocupadas en base a los datos del segundo trimestre del año en curso.

Los datos acompañan esa percepción: más de la mitad (54%) de los encuestados afirma que su capacidad de consumo es hoy “mucho peor” que hace un año, mientras que seis de cada diez argentinos de clase media creen que su trabajo solo les permite subsistir pero no crecer. Además, cuatro de cada diez alcanzaron un nivel educativo superior al de sus padres, pero sin mejora económica visible.

“Mientras los jubilados se deslizan fuera de la clase media, los adultos luchan por sostenerse y los jóvenes sienten que nunca podrán alcanzarla”, concluye el informe. Para Pensar Lab, la falta de calidad educativa, la ausencia de crédito, el estancamiento laboral y la informalidad se convirtieron en nuevos muros que bloquean la movilidad social y profundizan la fragmentación del país.

En su cierre, el documento traza una metáfora sobre la espera frustrada de una promesa nacional:

“Los argentinos seguimos esperando la carroza: que el mito fundante de nuestra nación vuelva a ser realidad, la educación y el trabajo como pilares de la movilidad social ascendente.”