Recién llegados a Salta, los integrantes de la Compañía Trifásica, oriunda de Tandil, desembarcaron con su última obra infantil, “Los viajeros del tiempo” en “La Totora” Espacio Cultural en Vaqueros, una propuesta que mezcla literatura, emoción y aventura, pensada especialmente para las infancias.
“Somos Belén Tocino y Ezequiel Álvarez”, se presentan. Ambos actores tienen una larga relación con el teatro, aunque sus caminos fueron distintos. “Yo empecé a los ocho años, hice talleres toda la vida y después estudié en la Facultad de Arte de la Unicen en Tandil. Hace más de 15 años que hago teatro”, cuenta Belén.
Ezequiel, en cambio, llegó desde otro lado: “Arranqué otras carreras después del secundario, como Farmacia o martillero público, pero cuando apareció el teatro no lo pude dejar más”.
Se conocieron en los pasillos de la facultad y, con el tiempo, la relación trascendió lo artístico. “Somos compañeros de escena y también de vida”, dicen. El proyecto que hoy los tiene recorriendo Latinoamérica comenzó a gestarse hace aproximadamente un año, con un objetivo claro: viajar a través del teatro.
Una compañía con trayectoria y trabajo colectivo
La Compañía Trifásica se formó alrededor de 2016 en Tandil y, con el paso del tiempo, fue consolidando una trayectoria dentro del circuito independiente. Años más tarde, uno de sus actuales integrantes se sumó al grupo, que ya contaba con un recorrido artístico en crecimiento. Desde entonces, han desarrollado entre cuatro y cinco producciones teatrales, además de una película independiente. El colectivo está integrado por varios artistas de la ciudad, entre ellos su director, Norberto Lanfranqui, junto a Javier Lester Abalsamo y Anabella Tvihaug. En ese marco, Belén Tocino y Ezequiel Álvarez forman parte de este proyecto más amplio, que combina distintas experiencias y miradas dentro de una compañía con identidad y desarrollo sostenido.
Su nueva obra, Los viajeros del tiempo, es el eje de esta travesía. “Es una historia fantástica sobre dos personajes que creen en el poder de los relatos para transformar emociones”, cuenta Belén. La propuesta combina distintos textos y autores: “Hay cuentos de Julio Cortázar, Javier Villafañe, Graciela Bialet y Fernando De Vedia que fuimos adaptando”.
Más allá de lo artístico, la obra tiene una intención clara: dialogar con el presente. “Queríamos hablar de lo que está pasando hoy, donde vemos que predominan emociones negativas, la desunión, el individualismo”, explican. Y agregan: “Buscamos revalorizar lo colectivo, entender las emociones y encontrar un equilibrio”.
En el corazón de Los viajeros del tiempo hay una idea que atraviesa toda la propuesta: recuperar el valor de lo colectivo en un contexto donde muchas veces predominan la fragmentación y el individualismo. La obra plantea, a través de relatos y personajes, que las emociones no son “buenas” o “malas” en sí mismas, sino partes necesarias de la experiencia humana. La tristeza, el enojo, la alegría o el miedo cumplen funciones y dicen algo sobre lo que vivimos; el problema aparece cuando una de ellas se vuelve dominante y condiciona la manera en que nos vinculamos con los demás.
Desde esa mirada, el espectáculo busca ofrecer una herramienta simbólica para pensar la convivencia: reconocer lo que sentimos, ponerlo en palabras y, sobre todo, entender que el otro también atraviesa procesos similares. En ese punto, los cuentos funcionan como un puente. Al narrar historias, los personajes invitan al público —especialmente a las infancias— a identificarse, reflexionar y elaborar sus propias emociones en un espacio compartido.
El énfasis en “estar juntos” no se presenta como un mensaje abstracto, sino como una práctica concreta: escuchar, acompañar y construir en comunidad. La obra sugiere que el equilibrio emocional no es un estado individual aislado, sino algo que también se construye con otros. En contraposición a lógicas más individualistas, propone una mirada donde el bienestar personal está ligado al vínculo con los demás y a la posibilidad de generar espacios más empáticos.
Así, Los viajeros del tiempo no solo cuenta una historia fantástica, sino que invita a repensar cómo habitamos nuestras emociones en lo cotidiano y qué lugar le damos a los otros en ese proceso.
El viaje también es parte fundamental del proyecto. Salieron desde Tandil entre fines de octubre y noviembre del año pasado, a bordo de una Renault Kangoo que ellos mismos adaptaron para vivir en la ruta. “La camperizamos para poder ser lo más independientes posible”, cuentan.
Durante su paso por Salta, donde permanecerán cerca de diez días, buscan sumar funciones antes de continuar hacia el norte. El plan incluye presentaciones en Jujuy y luego cruzar a Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
En el camino, las redes y la comunidad teatral cumplen un rol clave. “Muchas veces los mismos espacios nos conectan con otros lugares. Hay una red muy fuerte de teatristas”, destacan. También gestionan funciones por su cuenta, especialmente en bibliotecas populares y espacios culturales.
En cuanto a sus trayectorias, ambos coinciden en que este proyecto marca un punto de inflexión. Para Belén, es una continuidad en su trabajo con infancias, mientras que para Ezequiel significa un regreso al escenario después de varios años dedicado a la técnica teatral.
Con una obra que apuesta a la imaginación y un viaje que se construye día a día, la Compañía Trifásica convierte cada destino en un nuevo escenario y cada encuentro en parte de su historia. Quienes quieran seguir su recorrido y conocer más sobre sus funciones pueden encontrarlos en redes sociales como @trifasica_producciones.