El 4 de mayo de 1998 amaneció como un día más en el barrio Palmeritas, en la ciudad de Salta. Melanie y Octavio Leguina salieron rumbo a la escuela, como lo hacían cada mañana. Nunca llegaron. En cuestión de horas, la desesperación de una familia se transformó en una búsqueda que movilizó a toda la provincia.
Durante seis días, la incertidumbre y la angustia se apoderaron de la comunidad. Vecinos, fuerzas de seguridad y voluntarios se sumaron a un rastrillaje que mantuvo en vilo a Salta. El 10 de mayo, la peor noticia terminó por confirmarse: los cuerpos de los niños fueron hallados en un descampado cercano al cementerio de La Silleta, zona sur.

Lo que reveló la autopsia fue aún más devastador. Melanie y Octavio habían sido drogados, sometidos a torturas y asesinados a golpes con bloques de piedra. La niña, además, había sufrido abuso sexual. La brutalidad del hecho no solo sacudió a la sociedad salteña, sino que lo convirtió en uno de los crímenes más atroces de la historia criminal argentina.
La investigación permitió identificar a los responsables: Marcelo Alejandro Torrico y Ariel Esteban Brandán. Ambos fueron juzgados y condenados a reclusión perpetua por secuestro, violación y doble homicidio calificado. Torrico fue señalado como el autor material y el principal ideólogo del crimen, una figura que con el paso de los años se volvió sinónimo de horror en la memoria colectiva de la provincia.
En 2004, su nombre volvió a ocupar los titulares cuando protagonizó una fuga del penal de Villa Las Rosas. Durante casi dos meses permaneció prófugo, hasta que finalmente fue recapturado. Ese episodio no hizo más que reforzar el temor social y la sensación de que se trataba de un individuo altamente peligroso. En una de las notas que dio a medios locales Torrico admitió que fue la fuga más fácil de la historia, salió “por la puerta principal”, sostuvo.

A casi tres décadas del crimen, ambos condenados continúan detenidos y son, actualmente, de los presos con mayor tiempo de reclusión en Salta. Sin embargo, el caso volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública ante la posibilidad de que Torrico acceda a la libertad condicional, en función del cumplimiento de su pena, estimado entre el año pasado y este 2026.
En audiencias recientes, el propio condenado manifestó su intención de abandonar la provincia en caso de recuperar la libertad.
Según expresó, planea trasladarse hacia Cochabamba, en Bolivia, alegando temor a represalias y la falta de arraigo en Salta. Sus declaraciones no hicieron más que reavivar la indignación.

La familia Leguina, acompañada por amplios sectores de la sociedad, fue contundente en su rechazo a cualquier posibilidad de liberación. Sostienen que el peligro persiste y que la magnitud del crimen no admite concesiones. El recuerdo de Melanie y Octavio sigue presente, no solo en sus seres queridos, sino también en una comunidad que no olvida.
El domingo que viene se cumplirán 28 años del hallazgo que entristeció e indignó a toda una provincia. El doble crimen de los hermanitos Leguina continúa siendo una herida abierta. Un caso que marcó a generaciones, que expuso el rostro más cruel de la violencia.