En exclusiva, la esposa del excomisario Vicente Cordeyro, Trinidad, recibió a Gente de Salta en el hogar que compartieron por más de 43 años con sus cuatro hijos y miles de recuerdos plasmados en fotografías y detalles que amablemente nos comparte para dar a conocer cómo era este hombre en la intimidad de su hogar.
En una charla extensa y muy emotiva, Trinidad o “Trini”, como lo dicen sus más cercanos, se quiebra en diferentes momentos de la entrevista y nos pide disculpas, porque todavía está en shock “mi vida quedó en pausa desde ese 9 de octubre y todavía no estoy bien”.

La mujer que compartió más de 40 años con el excomisario lo describe como un ser “extraordinario, buen esposo y excelente padre, siempre presente para su familia”.
“Era una persona que sostenía a su familia, era la base de nosotros. Muy afectuoso, muy presente en la vida de sus hijos desde el momento en que nacieron”, destaca Trini.
Se conocieron cuando ella tenía 17 años y él 21, en la escuela de cadetes de la Policía de Salta, por una amiga en común que los presentó y desde allí no se separaron más. Los casó el fallecido padre Ernesto Martearena en la iglesia de Fátima y rodeados del afecto de su familia. Luego llegaron los hijos a completar ese hogar que habían soñado. Con una sonrisa que, en realidad esconde una profunda tristeza, recuerda: “Cuando nos conocimos, me decía, vos lo único que tenés que hacer es quererme, lo demás lo hago yo. Y era así”.

En la cotidianeidad de la vida familiar sostiene que Vicente siempre colaboraba con todas las cuestiones domésticas, “los dos nos complementábamos muy bien, cóncavo y convexo, decíamos. Él me impulsaba para que yo pueda desarrollarme profesionalmente y yo a él, siempre estábamos en esa cuestión”.
Sobre su profesionalismo, Trinidad destaca de su esposo la capacidad que tenía para analizar todo, que la fue desarrollando a lo largo de los años y “eso destacaban sus alumnos, cómo les hacía abrir la mente para que puedan pensar”.
Pero Vicente no era sólo un excelente profesional, sino sobre todas las cosas, una “buena persona”, dice la mujer que compartió con él una vida y lo conocía mejor que nadie.
“Como persona era intachable, con valores firmes, que los transmitía también. Era transparente, muy transparente y tenía una energía vital. Tenía una capacidad para motivar increíble y muchas personas me dicen “mire la última vez que yo hablé con él, me dijo dale, métele, anda, si lo podés hacer, vos tenés esa capacidad, vas a poder, concentráte, hacé”, de esa manera Vicente no solo alentaba a su familia, sus alumnos sino también a aquellos que no conocía, pero que quizás necesitaban unas simples palabras para resolver para salir adelante.
Trini agrega: “Y los impulsaba para que esas personas puedan hacer lo que, capaz que todavía les faltaba un poquito de decisión. Muchas veces caminando por la calle las personas le han hecho reconocimientos en vida, porque les decían, es extraordinario lo que usted hizo aquella vez, ese aliento que me dio, me sirvió para que yo haga tal cosa”. Y así, se repiten los testimonios de decenas de personas a las que Vicente daba una mano.

Su esposo era bien visto y reconocido en cualquier lugar a donde fuera, “tenía ese don de gente” que no todos tienen y cuyo legado trasciende lugares insospechados.
Sobre el dolor que lleva consigo, Trinidad busca explicaciones y dice que todavía no entiende cómo sucedieron las cosas y que hoy su esposo ya no esté con ellos, “todos los caminos del Señor son realmente misteriosos, nosotros estamos acá atravesando estos momentos tan duros que realmente me quedo sin palabras, no tengo palabras. Me cuesta mucho poner en palabras lo que me pasa”.
La mujer asegura que hoy su vida “está en pausa”, hay tantos interrogantes en su cabeza y atraviesa estos duros momentos acompañada de sus hijos, su familia, vecinos y conocidos que respetuosamente honran la memoria del excomisario que dejó huellas en cada lugar donde se desempeñó.
En ese sentido, recuerda que nunca dejó de alentar a sus compañeros de la Policía, a sus vecinos, a sus amigos y a cuanta persona le pidiera ayuda.
Más adelante Trini agradece el cariño de la gente: “La comunidad me incentiva, me apoya, me acompaña. Quiero agradecer a todos los que han estado con nosotros a partir del momento que empezó esta situación. Y sobre todo apoyando a mis hijos y acompañándolos”.

Sobre cómo atraviesa el duelo, la mujer expresó: “Estamos empezando. Sé que esto es algo que tiene su tiempo, que tiene su proceso y en eso estamos”.
Cordeyro y los medios de comunicación
El excomisario siempre fue una persona predispuesta, amable, muy cordial. Ese es el recuerdo de aquellos que pudimos entrevistarlo en alguna ocasión. Su relación con los medios siempre fue muy cercana.
Al respecto, recuerda su esposa, “él estudiaba, se sentaba, analizaba, hacía un análisis completo de geopolítica, análisis nacional, local, investigaba, y se preguntaba”.
Y agrega: “Le dedicaba mucho tiempo de su vida, de su día porque esa era su pasión. Yo muchas veces le pregunté, ¿Qué ganás con todo esto? Y la verdad que esa era su pasión”.

Sobre las cuestiones que denunciaba, la mujer reconoce que algunas cosas la ponían nerviosa, pero más allá de ese sentir, ella entendía que su esposo “quería despertar conciencia, quería concientizar, él decía: No puede ser que la gente no se dé cuenta de estas cuestiones que en algún momento nos pueden afectar gravemente como sociedad”.
“Siempre estaba re nerviosa. Pero bueno, como decía él, era su pasión. Y nosotros siempre, como pareja, como matrimonio, nos hemos apoyado en nuestras decisiones”, subraya Trini.
Algunas lágrimas vuelven a brotar, el duelo está a flor de piel. Hace un silencio y continúa: “Eran muchas las cosas que él trataba de lograr con esta reflexión y con estos análisis que él hacía. Y bueno, era su pasión, era su vocación. Era su forma de decir cómo puedo hacer yo para contribuir y que la Salta que tanto amaba sea un poquito más segura para nosotros”.
“Él era la voz de la lucha contra la inseguridad, de la lucha contra el narcotráfico y para que existan políticas públicas reales”, destaca la mujer.
El recuerdo del día de su desaparición
Trini y Vicente se habían retirado de la Policía de Salta desde hace algunos años, ahora estaban abocados cada uno a sus actividades y se apoyaban en cada cosa que hacían, se contaban el día a día y debatían sobre diversos temas.
Su esposa recuerda que no hubo ninguna actitud fuera de lo normal que le haya llamado la atención, tampoco sabía de amenazas que haya recibido ni ninguna otra cuestión extraña.

Recuerda que el 9 de octubre ambos se despidieron como cualquier otra mañana, él salió con su hija hacia el colegio céntrico donde asistía, ella por su parte, salió a hacer otras actividades.
“A veces pasaba que le salía alguna cuestión, un imprevisto, se juntaba con alguien y se demoraba. Yo salí esa mañana, me fui a hacer mis actividades. Le mandé mensajitos toda la mañana, pero el no me contestaba, supuse que estaba ocupado porque si no podía en ese momento, siempre me respondía después”, cuenta Trini.
Luego continúa: “Yo me demoré en volver. Cuando regreso, él no estaba. Lo veo a mi hijo y le digo, ¿ha vuelto papá? Y me responde que no, entonces veo mi celular, él había leído los mensajes y no me contestó. O sea, había algo raro”.
“De todas maneras esperé porque a veces iba a hacer una entrevista en un medio, por ejemplo, y no me contestaba, pero después, apenas se desocupaba, me respondía” aclara la mujer.
Las horas corrían y todo era silencio por parte del excomisario. La situación se salió de control, recuerda Trini, cuando su hija llegó sola del colegio y su papá no la había retirado, “ahí la preocupación fue total y empecé a llamar a todos, llamé a Nicolás y le dije que su papá no estaba por ningún lado y empezamos la búsqueda”.
Con los recuerdos latentes, Trini asegura: “El jamás nos hubiera preocupado así, entonces le avisé a mi cuñado, su hermano, y salimos todos a buscarlo, dimos vueltas por todos lados, hasta que nos avisaron que habían encontrado el auto en San Lorenzo”.
Con un dolor profundo y quebrada en llanto, Trini asegura: “Desde ahí todo son preguntas, preguntas y más preguntas”.
Sobre cómo desea que recuerden a su esposo, Trini expresa su anhelo: “Yo lo que sí quiero es que su memoria se mantenga y sea honrada. Sobre todo por nosotros, por todo lo que él fue e hizo por la comunidad salteña”.
Y añade: “Hizo mucho, hizo mucho, para que la seguridad sea mejor. Y eso es lo que nosotros queremos sostener a través del tiempo, su legado”.
Trini y su familia nos invitaron a recorrer cada uno de los espacios dónde pasaba sus días el excomisario, dónde compartía con los suyos en la intimidad de su hogar. Amablemente, nos compartieron fotos, sus lugares preferidos, el escritorio dónde trabajaba y se preparaba para alguna clase o entrevista. También conocimos una de sus pasiones: Una colección de mates cuidadosamente ordenada.

Termina la entrevista y nos fundimos en un sentido abrazo con Trini, al oído me confiesa su dolor y me dice que debe seguir adelante, por la memoria de su esposo y porque él no querría haberla visto así, sumida en la tristeza. Está segura que debe levantarse por ella y por sus hijos, y nos agradece profundamente el respeto y la difusión para que este caso no muera en el olvido.
