Faltan un año y ocho meses para las próximas elecciones. No pasaron ni cuatro meses de las anteriores y todavía no está claro si el actual gobernador está en condiciones de volver a presentarse. Sin embargo, la vida política ya empezó a teñir la ciudad rumbo a octubre de 2027: apareció el primer pasacalle con el nombre de Gustavo Sáenz y la firma de “Los Muchachos Peronistas”, luego de la derrota frente a La Libertad Avanza en las legislativas de 2025.

A metros de la rotonda del Quirquincho —límite de la ciudad con Vaqueros— , el oficialismo de la provincia “primereó” a los demás colores políticos, que ni siquiera definieron candidatos. Buscan así la elección de Sáenz, quien, gracias a la letra chica de la reforma de la Constitución provincial firmada durante su primer gobierno, podría aspirar a un tercer mandato. Eso sí, impulsado con un combustible llamado “ley de lemas”, no muy amigo de prácticas democráticas.
Con mas de 12 meses por delante, el calendario electoral todavía no abrió formalmente y la discusión jurídica sobre una eventual nueva candidatura sigue latente. La reforma constitucional de 2021 modificó el esquema de reelección para establecer un tope de mandatos consecutivos bajo la gestión del propio Gustavo Sáenz —abogado de profesión— y dejó abierta una interpretación que el oficialismo considera habilitante. Al no ser retroactiva, según algunos constitucionalistas, la enmienda no contabilizaría el primer período y solo tomaría en cuenta el segundo gobierno, una lectura que sectores opositores rechazan.
El 4 de febrero, el oficialismo ingresó a la Legislatura provincial el proyecto de Ley de Lemas por la Cámara de Diputados, con la firma de más de 30 legisladores. La iniciativa habilita que los votos de distintas listas internas de un mismo frente se acumulen para definir al ganador. En ese esquema, no necesariamente resulta electo el candidato más votado de manera individual, sino el que pertenece al frente que haya sumado mayor cantidad de sufragios.

El sistema permite que cada partido dentro de una alianza presente su propia lista, pero todos esos votos terminan confluyendo en una sola fórmula para gobernador o intendente. No es un mecanismo nuevo en la provincia: Salta ya tuvo ley de lemas hasta 2011, cuando fue derogada en el marco de la reforma electoral durante el gobierno de Juan Manuel Urtubey. La propuesta actual retoma ese esquema de acumulación, similar al vigente en Formosa, donde el mismo mandatario gobierna desde hace más de 20 años.
En paralelo, y a pesar de la oposición, el gobernador de Salta quedó sexto dentro de los mandatarios provinciales con mejor imagen, según la consultora CB Global Data, dando un salto frente a periodos anteriores. Con 54.6% en verde y 40.3% en rojo, aunque todavía lejos del podio, el saenzismo parece aprovechar el envión para, de manera temprana, mover fichas.

Entre el 4 de febrero, cuando el oficialismo envió a la Legislatura el proyecto de Ley de Lemas, y el 16, cuando empezó a flamear el pasacalle con el nombre de Sáenz, pasaron apenas 12 días. En un mismo mes, el aparato peronista del saenzismo dejó en claro que no piensa esperar. La decisión parece lógica tras la derrota en las legislativas de octubre pasado frente a La Libertad Avanza, cuyos representantes —dos senadores y dos diputados— comenzaron a hacerse notar en el Congreso y en la agenda política nacional.
“Al que madruga —dicen— Dios lo ayuda”. Pero en política no siempre es fácil distinguir entre prudencia y ansiedad.

