Tras la inspección en Puesto Guardián, Lomas de Olmedo, Salta, donde un pozo petrolero mal cerrado expele gases tóxicos que devastan la fauna y el bosque circundante, el biólogo de Greenpeace, Matías Arrigazzi, compartió su profunda consternación con Gente de Salta. La impotencia, confiesa, fue inevitable ante la magnitud del daño y la alarmante indiferencia de los que no quisieron hacerse responsables.
“No puedo entender cómo alguien planifica perforar un pozo y no piensa que lo tiene que cerrar”
El bosque nativo, a solo 250 km de la capital salteña, es un área de vital importancia ecológica, reconocida como Ecosistema Prioritario para la Conservación (EPC) por la provincia, un tesoro natural y cultural que clama por protección. El equipo de investigadores, acompañado por el fotógrafo salteño Martín Katz, llegó al lugar para documentar la tragedia. La declaración de Katz también se hace eco de la situación: “En 20 años de cubrir desastres naturales, nunca me dio tanta tristeza”.
La primera tarde, entre la planificación y el contacto inicial, el equipo se enfrentó a una experiencia abrumadora. “Caminábamos y a medida que nos acercábamos las imágenes de desolación eran terribles, primero un animal muerto, a los pocos metros dos o tres y después te encontrás rodeado de muerte, animales y plantas por igual, teñidos de ese color ocre propio del aire contaminado. Además de esa postal, tenés que sumar el sonido que con los metros se hacía ensordecedor más el olor nauseabundo y tóxico que penetra y asfixia. En el aire se observaban gotitas de aceite cayendo a nuestro alrededor. La situación es indescriptible, llega un momento en que no podes ver nada, ni escuchar ni respirar".
Los datos científicos se camuflan en una gravedad emocional que los impactó de tal modo que, tal como relata Arrigazzi, cuando volvieron a la camioneta que los transportó hasta el lugar, cada miembro del equipo permaneció en silencio durante al menos una hora. “Nadie podía decir nada, no sabíamos qué decir, no entendíamos lo que estábamos viviendo”. Y fue allí, confiesa Matías, cuando dejó de lado esa parte fría y técnica que tiene la ciencia, y que la necesita por cierto para hacer los cálculo precisos, pero que se corrió de plano para darle lugar a la emoción humana, la tristeza, la impotencia y la desolación.

El biólogo relata que al indagar sobre los responsables se pasan la pelota de mano en mano, mientras que el pozo, que tiene unos 40 años y la participación de seis empresas diferentes, se convirtió en un problema huérfano. La fiscalía, tras inspecciones e intimaciones, se topó con un vacío legal y al final nadie reconoce la autoría de la tragedia.
Es por eso que la urgencia de informar a la gente y movilizar a la comunidad activó la rápida viralización de la situación, llegando a escalar a la cumbre ambiental que se lleva a cabo en Brasil. Mientras tanto, la zona habitada por pobladores y puesteros que dependían del ganado, sigue perdiendo sustento con el tiempo, la contaminación avanza, y las comunidades, por consiguiente, retroceden.
Qué se hace ahora con todo esto
La raíz del problema reside en la falta de planificación, ya que abrieron un pozo, la exploración pasó de una empres a la otra, pero ninguna consideró un cierre adecuado, sellando la válvula y evitando fugas. Tampoco se comunicó nadie del Gobierno de Salta con Greenpeace como para interiorizarse o proponer alternativas conjuntas.

Ahora hay que pensar en la recomposición ambiental, indicó el científico, y agregó que la naturaleza lo logra sola con el tiempo, pero es necesario que la tierra deje de emanar gases tóxicos. Explicó que es una zona de transición entre el árido Chaco y las exuberantes Yungas, hogar de especies amenazadas, para las cuales hay algo de esperanza si esto se detiene.
Arrigazzi comentó que "la justicia propuso la creación de un área segura para evitar el paso de animales, pero eso no soluciona nada porque lo que está contaminado es el aire que se expande hacia su alrededor. Si se cierra ese pozo y se permite a la naturaleza resurgir por sí sola, las cosas podrían cambiar. Las plantas ahora son incapaces de realizar la fotosíntesis, sin embargo existen propágulos que intentan brotar, pero se marchitan ante la hostilidad del ambiente.
Tras 15 años dedicados a la biodiversidad y la conservación, y casi dos en Greenpeace, Arrigazzi compartió una valiosa lección que tuvo en éste último tiempo: “La importancia del poder de la gente, un factor a menudo ignorado en el ámbito científico. La ciencia se basa en datos concretos, en la medición de resultados tangibles. En Greenpeace, lo que se hace es visibilizar y dar lugar a la participación ciudadana. Es determinante para alcanzar los objetivos propuestos. Las personas, unidas, ejercen una presión formidable. Greenpeace no se dedica a denunciar o presionar, sino a mostrar los problemas y movilizar a la sociedad”. Efectivamente la aplicación del conocimiento científico busca empoderar a la gente y generar un cambio positivo.
El cambio puede comenzar por firmar una petición aquí.
