Con la llegada del invierno y las bajas temperaturas, es común sentir más ganas de comer, especialmente platos calientes y más abundantes. Pero ¿por qué ocurre esto? La nutricionista Soledad Paco Dávila explicó que el fenómeno tiene relación con la forma en que el organismo regula sus señales y con la necesidad de mantener la temperatura corporal.
Según la especialista, una de las razones por las que podemos sentir más hambre durante los días fríos es porque muchas veces disminuye el consumo de agua. "A veces no nos estamos hidratando bien, entonces la sensación del hambre y la sed se regulan en el hipotálamo y tienen señales muy parecidas. Podemos llegar a confundir hambre con sed", explicó.
Paco Dávila señaló que durante el invierno muchas personas reducen notablemente la cantidad de líquidos que consumen. "Con este frío tan intenso se mermó muchísimo el consumo de agua. No tengo pacientes que me digan que siguen tomando la misma cantidad que antes", indicó.

Además, la nutricionista destacó que el cuerpo busca alimentos calientes porque el organismo necesita generar más calor para mantener su temperatura.
"El alimento aumenta el calor corporal, entonces tenemos esas ganas de comer más porque el cuerpo te pide aumentar esa temperatura a través del consumo de comidas", explicó.
Por eso, durante los meses fríos suelen aparecer más deseos de consumir guisos, estofados y preparaciones más contundentes. Sin embargo, la especialista recomendó realizar versiones más equilibradas, incorporando mayor cantidad de verduras.
Entre las opciones saludables mencionó guisos con más proporción de vegetales y menos cantidad de fideos o arroz, además de preparaciones como canelones de espinaca y ricota con salsa roja, o una lasaña, que permiten disfrutar comidas reconfortantes sin descuidar la alimentación.

La clave, según la nutricionista, está en aprovechar los platos típicos del invierno pero buscando un equilibrio: sumar verduras, mantener una buena hidratación y escuchar las señales reales del cuerpo para diferenciar entre hambre y sed.
Además de elegir correctamente los alimentos durante el invierno, la nutricionista remarcó la importancia de mantener una alimentación variada y equilibrada durante todo el año. Incorporar frutas, verduras, proteínas de calidad y una adecuada hidratación permite que el organismo funcione mejor, fortalezca las defensas y tenga la energía necesaria para afrontar las bajas temperaturas.
Otro de los pilares para cuidar la salud es acompañar una buena nutrición con actividad física. Realizar ejercicio de manera regular ayuda a mantener la masa muscular, mejora el estado de ánimo, favorece el metabolismo y contribuye al bienestar general. Incluso durante los meses fríos, sostener el movimiento es fundamental para evitar el sedentarismo y mantener un estilo de vida saludable.