El grave caso de abuso infantil padecido por una niña de 11 años a manos de su propio padre, un tío y su abuelo, dado a conocer por Gente de Salta, sigue dando que hablar. El 10 de febrero pasado, la defensa de uno de los acusados pidió una audiencia para intentar que su cliente sea favorecido con el arresto domiciliario.
Como se informó, el caso salió a luz el 3 de enero, cuando la madre de la menor denunció a su ex pareja en la comisaría de barrio San Remo. La mujer acusó al padre de la niña como el autor de una violación sexual, producto de la cual, su hija resultó embarazada.
Al darle trámite a la denuncia, sin embargo, comenzaron a surgir evidencias de que el relato de la madre no era toda la verdad. Cuando la menor fue entrevistada de manera aislada, reveló que su madre sabía del abuso sexual desde noviembre pasado, como así también de otros abusos cuando tenía 4 años, tanto por su padre y abuelo paterno, como por un tío materno.
Desde entonces, la situación dio un giro drástico, especialmente para la madre de la menor, quien en un primer momento, sostuvo que había tomado conocimiento del abuso recién el día anterior, pero tras la declaración de la menor se supo que estaba al tanto desde noviembre del año pasado.
Estas declaraciones se realizaron en el Hospital Materno Infantil, bajo los estrictos protocolos determinados para los casos de abuso sexual de menores y con la actuación clave de médicos y personal especializado en psicología y asistencia social, tanto del hospital como del Cuerpo de Investigaciones Fiscales.
Allí fue donde se encendieron las alarmas, cuando un médico realizó el abordaje inicial y detectó una situación que lo inquietó profundamente: la madre de la niña se mostraba inusualmente “tranquila” frente a un presunto hecho de extrema gravedad. La reacción —o la ausencia de ella— llevó al profesional a tomar una medida urgente: solicitó la inmediata internación de la menor al considerar que se encontraba en una “situación de riesgo” que requería resguardo institucional.
La intervención quedó en manos de la Fiscalía Penal 2, Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual, dirigida por el fiscal Rodrigo González Miralpeix. En ese marco, una médica del Cuerpo de Investigaciones Fiscales entrevistó a la mujer y confirmó que su actitud no había sido una impresión aislada.
Según dejó asentado en su informe, lo que más le impactó fue la “frialdad de la madre”. Si bien la profesional contempló que esa reacción podía estar vinculada a la falta de comprensión sobre la magnitud del hecho o al temor por las consecuencias económicas de la denuncia, hubo un dato que resultó contundente y perturbador-
“Lo real es que no se le cayó una lágrima”, afirmó una médica del Cuerpo de Investigaciones Fiscales que entrevistó a la mujer.
Esa ausencia total de reacción emocional, en un contexto que suele provocar conmoción y desesperación, quedó incorporada como un elemento relevante dentro de la investigación judicial.
“Cooperación” de delitos sexuales
La minuciosa lectura de los profesionales fue confirmada en cuestión de minutos. La menor aportó detalles claves que dejaron al desnudo el relato brindado por su madre, quien terminó por reconocer que efectivamente sabía del abuso, tanto del hecho ocurrido en noviembre del año pasado, que causó el embarazo, como de los otros casos delatados por su hija, en una entrevista aislada.
Para la fiscalía, la mujer no solo encubrió los abusos cometidos por su hermano, sino que intentó desviar la responsabilidad, concentrando todas las acusaciones en su ex pareja, de quien se separó después de conocer el ataque contra su hija.
Sin embargo, esa ruptura fue más aparente que real. Si bien lo expulsó de la vivienda como gesto de represalia, el acusado continuó teniendo libre acceso, ya que en el mismo domicilio funcionaba su taller de chapa y pintura. Esa situación le permitía ingresar y permanecer con frecuencia en el lugar, lo que, según los investigadores, evidencia que la menor nunca estuvo completamente a resguardo.
A medida que la menor comenzó a revelar detalles que su madre había omitido o evitado mencionar, la fiscalía puso la lupa sobre la conducta de la mujer y avanzó con una drástica decisión: pedir su detención. La medida se concretó en el propio hospital, cuando efectivos policiales ingresaron a la habitación donde la niña permanecía internada y, con el argumento de que debía prestar declaración, retiraron a la madre del lugar y la trasladaron directamente a la comisaría, donde quedó detenida.
Lejos de generarle angustia, la ausencia de su madre pareció significar un alivio para la menor. La niña, que debió ser sometida a la interrupción de su embarazo como consecuencia de los abusos, no manifestó inquietud por la separación y, por el contrario, se mostró contenida por otros integrantes de su familia, especialmente por un hermano mayor, quien permaneció a su lado durante el proceso.
La madre, en tanto, fue imputada por el delito de “cooperación” en delitos contra la integridad sexual, una figura que prevé penas que parten de los ocho años de prisión efectiva. Ante la gravedad de la acusación, la Justicia dispuso su prisión preventiva, al considerar que existía riesgo de fuga y la posibilidad de que entorpeciera la investigación.
El silencio y las excusas
De la entrevista realizada por profesionales del Cuerpo de Investigaciones Fiscales surgió un dato estremecedor: la madre admitió que ya había pensado en denunciar a su ex pareja a fines del año pasado, cuando su hija volvió a contarle lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, decidió no hacerlo por un motivo que indignó a los investigadores. Según declaró, no quería que el padre de la menor fuera detenido delante de su propia madre, quien se encontraba de visita en la casa por las fiestas, por lo que optó por esperar a que “la señora se fuera”.
En paralelo, se conoció otro elemento que refuerza la sospecha de que la mujer sabía desde hacía tiempo la gravedad de la situación. Según trascendió, ella misma le practicó a su hija dos test de embarazo: uno en noviembre, que dio resultado negativo, y otro en diciembre, que confirmó la gestación. Para los investigadores, esto demuestra que la madre ya tenía indicios claros de que su hija estaba siendo víctima de abuso, pero aun así no recurrió de inmediato a la Justicia.
Durante su declaración, la mujer insistió en que actuó por miedo. Argumentó que la vivienda en la que reside pertenece a su suegra y que su situación económica es frágil, especialmente porque tiene otro hijo con discapacidad y temía quedarse sin techo ni sustento.
Fue entonces cuando una de las profesionales la enfrentó con una pregunta directa: “¿Cuál era su límite?”. Es decir, si la menor no hubiera quedado embarazada, ¿habría denunciado igual?
Según consta en el informe, la mujer no lo negó. Asintió en silencio, en lo que para los investigadores fue una admisión implícita de que el embarazo fue el punto de quiebre, no el abuso en sí. Una respuesta que terminó de sellar su situación judicial.
Peligro de fuga
En cuanto al padre de la menor, su reacción fue inmediata y reveladora. Apenas se enteró de que su ex pareja había radicado la denuncia en su contra, abandonó de manera repentina el hostal donde se alojaba, luego de haber sido expulsado del hogar familiar. Cuando efectivos policiales llegaron hasta ese lugar para detenerlo, ya era demasiado tarde: el acusado se había marchado sin dejar rastros y, según se constató, un familiar había pasado previamente a retirar todas sus pertenencias, en lo que los investigadores interpretaron como una maniobra clara para evadir a la Justicia y ganar tiempo para escapar.
La policía montó un operativo para poder dar con el acusado, a quien finalmente detuvieron el 5 de enero, cuando lo vieron salir de una vivienda de alquiler, donde se hallaba refugiado, al parecer, con intenciones de darse a la fuga posteriormente.
Un hijo del acusado reveló que recibió un mensaje de su padre: “Perdoname hijo, te falle, le falle a todos”, fue el mensaje enviado antes de ser detenido.
La menor, no solo desmintió el relato de su madre, quien trató de a su hermano, también imputado por abusar de la menor de 11 años, sino que dio una detallada descripción de una infancia violentada por la sucesión de abusos sexuales por parte de su papá, abuelo y tío materno.
Tal como lo informó Gente de Salta, este drama de abuso infantil, que lamentablemente se replica con alarmante frecuencia en distintos hogares salteños, salió a la luz gracias a la valentía y la insistencia de la propia víctima, quien durante años soportó en silencio una escalada de violencia sexual. Todo comenzó con tocamientos que eran disfrazados como supuestos “juegos”, pero con el paso del tiempo derivaron en reiteradas violaciones, marcando una infancia atravesada por el horror, el miedo y la traición de quienes debían protegerla.
El fiscal penal Rodrigo González Miralpeix, a cargo de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual, imputó a su padre, a un tío materno y a su madre en el marco de la investigación, al considerar que habrían tenido distintos grados de responsabilidad en los hechos que se analizan.
El relato de la menor: “Yo pensé que era un juego”
“¿Sabes porque estas acá? Sí, por el tema de mi papá, él me violó, mi mamá fue a denunciarlo”, sostuvo la menor en su primer contacto. Luego, sin entrar en rodeos, sostuvo que el abuso sexual ocurrió en noviembre del año pasado y que su madre estaba al tanto, pues ella le había contado lo ocurrido.
Dijo que el día del hecho, el 2 de ese mes, pero que, en realidad, los abusos de parte de su padre comenzaron cuando tenía cuatro años. En un inicio, fueron manoseos en sus partes íntimas, “pero yo pensé que era un juego, mi papá pidió perdón. Dijo que no lo iba a hacer, ella (por su mamá) pensó que nunca más lo iba a hacer, pero (él) continuó”.
Explicó que, en noviembre, su madre se peleó con su padre y lo echó de la casa, sin embargo, su progenitor iba igual, ya que en la vivienda tenía su taller mecánico. No obstante, su madre tomó algunas precauciones, pero no sirvieron demasiado.
“Mi mamá cerraba con pasador la puerta y se iba al centro a trabajar y como mi papá quería violarme, le pedía a mi hermano (padece de retraso madurativo) que abra la puerta. Le conté eso y comenzó también a poner llave y lo amenazó con que lo iba a denunciar, pero él entraba por la puerta de atrás que da a un patio”, relató.
Recordó que el día del hecho, a las 9, escuchó un ruido y, por un momento, creyó que era su mamá, pero no tardó en darse cuenta de que era su papá. "Fue porque sentí que me tocaban, mi hermano dormía o estaba entretenido con el celular a todo volumen”.
Contó que su padre la redujo, le bajó la ropa y, luego de tocarle sus pechos, la sometió sexualmente, sin tener en cuenta los ruegos y la resistencia ofrecida por su propia hija, quien, en un momento, le hizo notar que su hermano estaba en la pieza contigua.
El abusador se detuvo, pero luego de advertir que no había signos de que su otro hijo apareciera, continuó con la violación. Luego, amenazó a su hija para que no dijera nada de lo sucedido, para finalmente marcharse de la casa. A los dos meses, y como consecuencia de dicho abuso, la menor quedó embarazada.
“Año nuevo feliz”
De su extenso relato, también surgieron otras revelaciones que explicaría, de algún modo, la tendencia de la madre por insistir en que su pareja era el “único culpable” de los abusos develados por su hija, quien, por el contrario, afirmó que eso no era toda la verdad.
Aclaró que le había contado a su madre dos veces sobre la violación que sufrió a manos de su padre en noviembre pasado. La primera vez fue a los días del hecho, pero la mujer nunca lo denunció. Posteriormente, en diciembre del año pasado, volvió a hablar con su mamá sobre el ataque sexual.
“Mi mamá tenía sospechas de embarazo”, pero “no quiso denunciarlo ahí para que mi abuelita y tías pasen un año nuevo feliz”, así que esperó que pasen esos días festivos y recién el 3 de enero se acercó a la policía para denunciar a su pareja.
“¿Hubo algo anterior además de esta violación?”, fue la otra pregunta clave del caso, pues fue el momento que propició un acto de liberación de la menor, quien dio a conocer que también su tío (materno) había abusado de ella, al igual que su abuelo paterno, quien falleció el año pasado.
Sucedió cuando “yo tenía 7 años” cuando vivieron en la casa de su tío. En este caso, la menor también le contó a su madre lo sucedido, pero tampoco hubo denuncia.
Solo “le dijo a mi tío que no se me acerque más y nos mudamos y me dijo que no lo vea, que no lo hable y a él que no se acerque más, ni que me mire, no volvió a pasar más”.
En cuanto a los abusos cometidos por su padre, la menor indicó que comenzaron cuando “tenía 4 años” y sucedían “cuando mi mamá se iba o estaba ocupada”, ocasiones en las que aprovechaba para violarla. “A veces me violaba mi tío y a veces mi papá”, agregó. “Hubo un tiempo en que me quedé callada porque mi mamá no hacía nada, a los 10, sentí que mi cuerpo estaba agotado”, resaltó.