La inteligencia artificial dejó de ser solo un asistente para tareas o un generador de contenido. Para muchos jóvenes, hoy es también una suerte de compañero silencioso. ChatGPT y otras plataformas no solo sirven para escribir ensayos, crear imágenes o resolver problemas complejos: se convirtieron en espacios donde los usuarios buscan orientación emocional, alivio o simple contención.
Según el último sondeo de IMOP INSIGHTS y Berbès, el 46,2% de los españoles afirma usar herramientas de IA para consultar o buscar información. Pero el dato más revelador está en el detalle generacional: el 34,9% de los jóvenes entre 25 y 34 años las utiliza para preguntar sobre temas de salud mental. Una cifra que supera a cualquier otra disciplina médica.

Un hábito que crece con la edad digital
El estudio muestra que la relación entre los jóvenes y la IA es más profunda de lo que parece. Los usuarios de entre 18 y 24 años son quienes más emplean estas herramientas (77,8%), seguidos por el grupo de 24 a 36 años (67,4%). Y aunque los mayores de 65 apenas alcanzan el 12,8%, el uso transversal evidencia que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana.
En ese universo digital, la salud mental aparece como la principal puerta de entrada: ansiedad, depresión, manejo del estrés o consejos sobre vínculos afectivos son algunos de los temas más buscados. “Hay una generación que se acostumbró a verbalizar su malestar en un chat antes que en una consulta”, explica uno de los analistas del estudio.
Entre la ayuda y el riesgo
Los especialistas no se ponen de acuerdo. Para algunos psicólogos, la IA puede convertirse en una herramienta de apoyo útil: permite expresar pensamientos difíciles, organizar emociones y obtener información inicial sobre terapias o hábitos saludables. Su capacidad de responder con empatía simulada puede ser un primer paso hacia la reflexión o la búsqueda de ayuda profesional.
Otros, en cambio, advierten sobre los peligros de ese vínculo digital. “La inteligencia artificial no tiene criterio clínico ni puede ofrecer acompañamiento real. Su aparente empatía puede generar dependencia emocional o desinformación”, señalan desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
Y es que cada vez más jóvenes dicen sentir una conexión íntima y confidencial con el chatbot, un fenómeno que preocupa a expertos en salud mental y tecnología.
El fenómeno de las «alucinaciones» de ChatGPT –cuando el programa genera información falsa o inexacta– es ampliamente conocido. Sin embargo, ahora está emergiendo una inquietante tendencia que parece sacada de un episodio de Black Mirror: algunos usuarios están experimentando sus propios delirios y manías espirituales tras interactuar intensamente con la inteligencia artificial (IA).
Como informa Rolling Stone en un reciente artículo, todo comenzó a tomar forma en un hilo del subreddit r/ChatGPT, titulado «Psicosis inducida por ChatGPT». Lo que quizás podría haber sido un caso aislado se convirtió en un alud de relatos alarmantes. Usuarios de todo el mundo comenzaron a compartir cómo sus seres queridos habían cruzado una línea invisible entre lo digital y lo delirante: creyéndose elegidos por la IA, recibiendo misiones sagradas, conversando con «ChatGPT Jesús» o asegurando que el modelo es, en efecto, Dios.
Por ejemplo, una profesora de 27 años relató cómo su pareja de siete años había caído bajo el hechizo del chatbot en apenas un mes. Lo que comenzó como una herramienta para organizar su agenda se transformó rápidamente en algo mucho más perturbador.
«Escuchaba al bot antes que a mí», explicó la mujer a Rolling Stone. «Se emocionaba con los mensajes y lloraba mientras los leía en voz alta». El programa le otorgaba apodos como «niño espiral» y «caminante del río», alimentando la creencia de estar experimentando una transformación espiritual acelerada.
Confianza y límites
Aun con la creciente afinidad, la confianza no es total. Entre los encuestados, el 54,8% de los jóvenes de 18 a 24 años afirma confiar “poco” en las respuestas de IA relacionadas con la salud mental. En el rango de 25 a 34 años, el porcentaje baja al 45,7%. La desconfianza se mantiene pareja entre géneros: un 34,3% de hombres y un 33,8% de mujeres asegura que “no confía nada”.
Sin embargo, la paradoja persiste: aunque la mayoría duda de la precisión de la IA, sigue acudiendo a ella para hablar de temas que antes eran tabú.
Más allá del bienestar emocional
El informe también revela otros focos de búsqueda médica. Las patologías endocrinológicas (como problemas hormonales o metabólicos) son las más consultadas entre los mayores de 65 años (31,1%) y también figuran entre las favoritas de los jóvenes de 25 a 34 (19,6%). En cambio, las enfermedades oncológicas apenas ocupan un 7,4% en hombres y un 10,6% en mujeres.
Aun así, la gran mayoría —69,4% de hombres y 57,6% de mujeres— reconoce que no usa la IA para temas de salud, lo que muestra que este fenómeno, aunque creciente, todavía convive con un fuerte escepticismo.
Una nueva forma de pedir ayuda
El auge de las consultas sobre salud mental en herramientas de IA expone algo más profundo: una generación que busca contención inmediata, disponible las 24 horas, sin juicio ni espera. Lo que antes era silencio, hoy se tipea en una ventana de chat.
Y aunque la tecnología no puede reemplazar la escucha humana, su presencia ya cambió las reglas. En la era de la inmediatez, la salud mental se volvió también una conversación digital.
